16 mayo 2013

Comunicado FARC-EP rechaza calumnias de la ACIN y su accionar contrainsurgente, a la par que llama al diálogo y la unidad

por comunicado FARC-EP 

Farc-EP: Carta abierta a la dirigencia de la ACIN, el CRIC y a los pueblos indígenas

 
Señores voceros de la Asociación de cabildos indígenas del Norte del Cauca y el consejo regional indígena del Cauca. El Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano de las FARC EP, en relación con los sucesos del 28 y el 29 de Abril de 2013 en San Francisco Toribio nos permitimos hacer las siguientes precisiones.
 
1. Las FARC-EP desde su nacimiento ha estado comprometida con las luchas populares, incluida la justa y valerosa lucha indígena por la tierra, encarnada por importantes representantes de su etnia a lo largo de la historia, entre ellos José Gonzalo Sánchez, Manuel Quintín Lame, Eutiquio Timoté, Juan De la Cruz Perafán, Álvaro Ulcué Chocué y Avelino Ul, entre otros.

2. Esta política está consagrada de la siguiente manera en el punto 6 del programa Agrario del movimiento guerrillero, firmado el 20 de Julio de 1964: “se protegerán las comunidades indígenas otorgándoles tierras auto suficientes para su desarrollo, devolviéndoles las que le han usurpado los latifundistas y modernizando sus sistemas de cultivo […] las comunidades indígenas gozaran de todos los beneficios de la reforma agraria revolucionaria. Al mismo tiempo se estabilizara la organización autónoma de las comunidades, respetando sus cabildos, sus formas de vida interna, su cultura, su lengua propia y sus formas de organización”.

3. Las políticas de las FARC EP en favor del pueblo colombiano guardan coherencia con los principios revolucionarios y con las conclusiones emanadas de nuestras conferencias y plenos del Estado Mayor Central, así como con las disposiciones y orientaciones del Secretariado Nacional. Rechazamos enfáticamente la calumniosa, pérfida y provocadora sindicación al Comandante Matías de estar desarrollado un “plan sistemático de exterminio físico y cultural del movimiento indígena colombiano". Nunca han respondido al capricho y querer de determinados comandantes, como lo sugiere el comunicado de la ACIN y CRIC leído el 29 de abril de 2013, con ocasión del juicio adelantado contra seis comuneros del resguardo de San Francisco.

4. Nos mantenemos fieles a los principios del respeto a los intereses de las comunidades; a la defensa de los intereses de los pueblos indígenas, amenazados por la cultura mercantilista del capitalismo, por las políticas neoliberales promovidas por el Estado, por las trasnacionales que codician las riquezas de esos territorios; al rechazo al paramilitarismo; y a la confrontación de la fuerza pública, que viola los derechos humanos a los comuneros y comuneras, haciendo que organicen las redes de sapos, y sirve de avanzada de las multinacionales que tiene como mira el campo colombiano.

5. Hoy como en todas las épocas, el movimiento popular, y en particular el movimiento indígena es traicionado por algunos de sus dirigentes que dejan de lado el sentir y las aspiraciones de las comunidades humildes, para plegarse al Estado, adquiriendo compromisos con organismos de seguridad y, en ocasiones, con el paramilitarismo. Es el caso del señor Alcibíades Ulcué quien, como ha sido de amplio conocimiento público, entregaba a los paramilitares dineros destinados a resolver los problemas de salud de las comunidades indígenas mientras estuvo presidiendo la dirección de la empresa de Salud de los pueblos indígenas (AIC). En la actualidad es quien facilita el reclutamiento de jóvenes y mayores NASA para vincularlos a la guerra como informantes del ejército en los territorios indígenas.

6. Resultados de esta política es el “juicio” adelantados el 29 de Abril en el resguardo de San Francisco en contra de 6 comuneros indígenas y los pronunciamientos verbales y escritos hechos con ocasión del mismo. En el juzgamiento resultaron condenados a 40 años de cárcel 3 comuneros indígenas de manera injusta (sin pruebas y sin garantizarles plenamente el derecho a la defensa). Este veredicto emitido por un grupo minúsculo en una asamblea manipulada por la ACIN y la “amenaza” de detener a milicianos y guerrilleros para entregarlos al INPEC y hacer que purguen largas condenas en las cárceles del régimen, le mereció al señor Feliciano Valencia el reconocimiento y felicitación publica por parte del comandante de la 3 división del ejército. Justamente, el ejército y los organismos de inteligencia del Estado tienen en la actual dirigencia de la ACIN una eficaz avanzada contrainsurgente.

7. Ante esta situación y el propósito expreso de los dirigentes de la ACIN de continuar con la requerida política de persecución a los revolucionarios, hemos dado la orden a todos los milicianos y guerrilleros de no dejarse capturar ni desarmar por las guardias indígenas. Hacemos desde ahora responsables de las consecuencias que acarreen los intentos de detención, juzgamiento y desarme a las dirigencias de la ACIN y el CRIC.

8. Hacemos un llamado a las autoridades indígenas que aún les queda sensatez y no se han comprometido con los organismos de seguridad del Estado, a que reflexionen en bien de las comunidades y asuman posiciones consecuentes con sus intereses, dejando de lado el discurso y la actitud belicista y macartista contra sus propios hermanos, y buscando la unidad y el reconocimiento como sujetos de derecho a todos los comuneros NASA, para luchar mancomunadamente contra las injusticias de que han sido víctimas por quienes detentan el poder desde siglos.

9. Reiteramos el respeto a los principios de unidad, territorio, cultura y autonomía; nos solidarizamos con las reivindicaciones de las comunidades indígenas; reafirmamos nuestra voluntad por atender y solucionar de manera dialogada las dificultades que se puedan presentar entre nosotros y la comunidad indígena.

10. El conflicto armado colombiano tiene cobertura nacional, con raíces en la problemática social, y por tanto la solución del mismo debe ser también nacional. En consecuencia mientras el conflicto no se resuelva ni se cambien las estructuras económicas, el régimen político ni las políticas de despojo articuladas al modelo agro industrial y extractivo destinado a la exportación que tiene el gobierno para el campo colombiano, tampoco los indígenas, como ningún otro sector popular podrán resolver su problemática de forma estructural.

11. Nuestra presencia no representa una amenaza para los intereses de los pueblos indígenas. La aplicación de las normas que rigen la actividad de los guerrilleros de la FARC protege a las comunidades indígenas, campesinas y afros. Mantenemos nuestro espíritu unitario y nuestra disposición de lograr acuerdos concertados porque estamos convencidos que es el pueblo el mayor afectado por los enfrentamientos entre organizaciones populares.

12. Nuestra lucha armada es histórica y ha sido sostenida por la vinculación a nuestra organización de campesinos, indígenas, afros y mestizos; toda una amalgama de pueblo con su esfuerzo y sangre ha contribuido al logro de buena parte de las reivindicaciones del movimiento popular. Como forma de lucha asumida por el pueblo colombiano, y en particular por el pueblo NASA, debe ser respetada por quienes también se proclaman luchadores populares.

Mantenemos nuestra disposición de dialogar con las autoridades indígenas que tengan legitimidad en sus bases, en un espíritu de mutuo respeto, con el objetivo de superar de manera concertada las contradicciones y de llegar a un acuerdo en relación con la humanización de la guerra.

Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano
Compañías del Suroccidente Colombiano.

Mayo de 2013

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15 mayo 2013

Barrotes de la Conciencia: ¡Libertad para Julián Conrado!

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Barrotes de la Conciencia: ¡Libertad para Julián Conrado!
por Zulika King


Este mes se cumplen dos años de la encarcelación del camarada Julián Conrado y quién es Julián Conrado, es uno más de los utópicos que en nuestro mundo sueñan con la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, donde todo aquel que nazca tenga por seguro el acceso a una vida digna, el derecho a la salud, a la educación, a la alimentación y a la cultura, y que todo esto no sea un lujo, sino un derecho. Es por tanto que todo aquel que se sienta un verdadero revolucionario ha de sentir como propia la injusticia que se viene cometiendo con el camarada, vamos pues todos los luchadores, todos los soñadores, todos los que apostamos a que un mundo mejor es posible, y démosle el apoyo al camarada para que liberen su voz y siga cantando como los gallos en la madrugada indicando que llegó un nuevo amanecer.

Camarada Julián, yo te oigo, yo te interpreto y te sueño libre, llevando tu canción necesaria a todos los que la quieran oír, para así despertar su conciencia y ternura, y elevar la moral revolucionaria. Basta ya de injusticias como esta, que contravienen aquel pensamiento de nuestro Comandante Ernesto Ché Guevara, que dice: “Si eres capaz de temblar de indignación en cualquier parte del mundo donde se cometa una injusticia, somos compañeros”. Entonces temblemos, porque aquí en nuestra Patria Bolivariana y Revolucionaria, se está cometiendo una. ¿Qué pensará el panita Alí, el camarada Ernesto Ché Guevara, o quizás Salvador Allende? ¿Qué hacer ante esta realidad insoslayable?
Resulta muy cómodo aplicar la máxima que “ojos que no ven corazón que no siente”. Suena como un lugar común, ¿no les parece? Vergonzoso. A mí me duele sentir como siento, ver como veo, apagarse día a día la luz que ilumina la esperanza a muchos camaradas que no aceptamos que se encierre el pensamiento, la conciencia y la lucha del hombre por el hombre, tras barrotes fríos e inertes. ¡Ya basta! ¿Quién va tomar el toro por los cachos? ¿O quién le pondrá el cascabel al gato? ¿Quién decidirá liberar al Alí Primera de Colombia, al camarada de los sueños justos, al ruiseñor de la canción necesaria de la hermana Colombia?
Recordemos siempre que la historia la escriben los hombres, pero esta será quien nos juzgue. Camarada Julián, permíteme usar tu grito de guerra:
¡Amando Venceremos!
¡Camarada Julián Conrado, presente! Con el respeto y la solidaridad revolucionaria, una utópica más de las luchas del pueblo,
Zulika King
 http://alzadoencanto.wordpress.com/2013/05/09/barrotes-de-la-conciencia-libertad-para-julian-conrado/

Contexto acerca del quién es Julián Conrado y su situación actual en Venezuela:
Julián Conrado es un cantor del pueblo que sufrió la tortura y la cárcel siendo muy joven, ya que el régimen colombiano desde ese entonces intenta callar su canto libertario. Julián vio asesinar a sus compañeros a manos de las fuerzas policiales y paramilitares en su Turbaco natal; y fue empujado por la descarnada persecución del régimen colombiano que ingresó en la insurgencia, como una forma de seguir con vida y cantando por la justicia social. Las canciones de Conrado son testimonios históricos y culturales de un valor incalculable... por eso el régimen colombiano lo quiere acallar.
El cantor Julián Conrado, sobreviviente a varios bombardeos, fue apresado cuando buscaba ayuda médica: fue detenido el 31 de mayo 2011 por fuerzas represivas combinadas de Colombia y Venezuela en territorio venezolano. El gobierno colombiano lo persigue con saña porque Julián Conrado con sus canciones lleva un mensaje de justicia social a un pueblo empobrecido, saqueado y agredido por el terrorismo de estado que utiliza su herramienta paramilitar y tiene todo el apoyo de EEUU. Las autoridades colombianas pretenden obtener otra entrega ilegal de un perseguido político por parte de Venezuela; pero los hombres y mujeres con ética de Venezuela y del mundo piden ASILO para el Cantor. El DIH impide entregarlo a Colombia y ampara el ASILO para el perseguido político, quién además está enfermo. Un hombre viejo, apresado cuando buscaba ayuda médica, no puede ser entregado a sus persecutores, por respeto al DIH y a la ética. En las cárceles colombianas fallecen con inusitada frecuencia los presos políticos por tortura y por tortura de negación de asistencia médica.
La Convención de Ginebra y la Convención Contra la Tortura impiden entregarlo a Colombia. Se pide que las autoridades venezolanas respeten el DIH y la ética bolivariana y no entreguen al cantor Julián Conrado a una tortura segura. En las cárceles colombianas son empujados a la muerte los presos políticos, que son la abrumadora cantidad de 9.500, en lo que evidencia el carácter represivo del Estado colombiano, uno de los regímenes más represivos del mundo.
El pueblo colombiano sufre Terrorismo de Estado y necesita que sus hermanos latinoamericanos se solidaricen. Que al menos sean respetados los perseguidos políticos y los gobiernos regionales no entren a colaborar en la cacería humana con EEUU y el régimen Santos.
Recordar que el caso de Julián Conrado se inscribe en unas políticas de colaboracionismo militar, que contravienen incluso la Constitución Bolivariana de Venezuela y el DIH: varios perseguidos políticos heridos y enfermos han sido entregados por Venezuela al régimen colombiano en total violación al DIH, incluso está el caso de guerrilleros retirados por graves enfermedades y de un civil: el periodista Joaquín Pérez Becerra entregado en abril del 2011, negándole el debido derecho a defensa y violando todo el DIH.
Varias voces de Venezuela y el mundo, organizaciones y defensores de DDHH, alzan sus voces por el respeto al DIH y que cesen las entregas de perseguidos políticos a un estado sobre el que pesan múltiples denuncias por torturas y homicidios en régimen carcelario, como es el caso del estado colombiano. De la Venezuela Bolivariana que los revolucionarios del mundo apoyamos, se espera el abrazo en humanidad e internacionalismo al cantor del pueblo colombiano.

14 mayo 2013

Ponencia de la Delegación de Paz de las FARC-EP [VIDEO]: Movimientos sociales y participación política en Colombia

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Movimientos sociales y participación política
Ponencia leída por Laura Villa [VIDEO y transcripción]

por Delegación de Paz de las FARC-EP


La nuestra no es una propuesta acabada y única, sino un aporte al debate fraterno y constructivo que debe darse al interior del campo popular colombiano. Está entonces abierta a los aportes de todos los movimientos sociales, políticos y comunitarios que son bienvenidos. Para nosotros, una verdadera participación política se da con democracia real, de base. En la construcción de ella, sabemos que nos encontraremos todos los que ansiamos y combatimos por un país distinto. La iniciativa está abierta, bienvenidos todos los aportes.


Transcripción de la ponencia presentada por Laura Villa, de la Delegación de Paz de las FARC-EP:
La siguiente es una ponencia en la que queremos expresar algunas opiniones acerca del tema de los movimientos sociales y la participación política.
Movimientos sociales y resistencia guerrillera:
Los movimientos sociales se han convertido durante la última década en un determinante factor dentro de la vida colombiana. La andanada de acciones antipopulares y entreguistas de los 8 años de Uribe, se tradujeron en la multiplicación y convergencia de las luchas de los sectores que constituyen el campo popular colombiano. Es así como en la última década hemos asistido a movilizaciones masivas de campesinos, indígenas, estudiantes y trabajadores, así como al resurgimiento o aparición de importantes luchas urbanas, juveniles, culturales, de género, y de reivindicaciones de derechos políticos, económicos, sociales, sexuales y reproductivos. La multiplicidad de expresiones de resistencia ha mostrado que nuestro pueblo está presto para la lucha; que la resistencia popular no se amilana a pesar del Terrorismo de Estado y las mentiras de los grandes medios. La heterogeneidad y diversidad de las expresiones de lucha no es algo negativo, por el contrario es necesario reacción a las distintas injusticias sociales que existen en nuestro país. Injusticias que se convierten en razones para organizarse y luchar. A la importancia de lo anterior hay que sumarle que los movimientos sociales colombianos se encuentran transitando por el camino de la Unidad (...) A pesar de las múltiples diferencias, las organizaciones han comprendido que la vía para la superación de las injusticias, pasa por la búsqueda de horizontes conjuntos entre todos los oprimidos. De esa manera, se han iniciado procesos tan interesantes y representativos como la MANE, que gracias a la unidad y movilización estudiantil lograron mostrar la fuerza del sector en contra de los procesos de privatización, la CONAP, los intersindicales por la rama de industria, las asociaciones de desplazados, la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos, el Movimiento nacional por la salud, el COMOSOC, La Mesa de Unidad Agraria, diversas asociaciones campesinas, las Zonas de Reserva Campesina, ANSORC, la Ruta social común, y otras iniciativas por la paz y los DDHH, estos son el mejor síntoma de que la unidad del campo popular es posible, y será realidad.
Ha existido cierta tendencia intelectual que considera que las expresiones armadas de la resistencia popular, como en nuestro caso las FARC-EP y el ELN, serían contrarias a los movimientos sociales: se trata de teóricos que pretenden desconocer los procesos históricos que han dado origen a las guerrillas, y que bajo la fraseología postmoderna, en muchos casos estipendiada, anhelan dividir al pueblo
Desde las FARC-EP, tenemos más que claro que nuestro camino revolucionario es convergente con el que se han trazado las diferentes expresiones de los movimientos sociales. Veamos por qué:
La versión oficial de la historia del conflicto colombiano presenta a las guerrillas revolucionarias como implante foráneo de la guerra fría, nada más alejado de la realidad: las guerrillas en Colombia son la manifestación de la no resolución de la cuestión agraria (...) La latencia de un mundo rural pleno de contradicciones sociales y la inexistencia de unos mínimos democráticos es lo que da sustento al surgimiento de un movimiento campesino, al que no le queda otro camino que el desarrollar la guerra de guerrillas. Después de agotar todas las vías pacíficas, la insurgencia armada es entonces movimiento social y popular en armas.  
En la historia y en el cuerpo programático de los guerrilleros y las guerrilleras de las FARC-EP, nunca se ha considerado que el tránsito de Colombia hacia la democracia y el socialismo se derive únicamente de la actividad militar de la resistencia popular; y hemos sido conscientes de que será la movilización intensa de las masas a partir de la unidad de todo el campo popular, la que impondrá los cambios que el país requiere. Y por ello mismo las FARC-EP se imbrican y retroalimentan de las múltiples luchas que libera el pueblo.  
Esto puede demostrarse en dos vías: en la llegada a las filas guerrilleras de compañeros y compañeras provenientes de organizaciones populares de masas, a quienes sólo les quedaba la vía guerrillera para poder continuar desarrollando la actividad política y conservar la vida. Algunos ejemplos: el camarada Raúl Reyes, proveniente del sindicalismo del sector alimentario, el camarada Hernando Gonzáles Acosta, importante líder estudiantil y juvenil, y el propio caso de nuestro comandante Manuel Marulanda Vélez, representante de la resistencia del campesinado ante la violencia oficial, entre otros muchos.
En la imbricación del accionar de los frentes y columnas guerrilleras con la movilización popular en las distintas áreas del país, las unidades farianas participan del amalgama de expresiones de descontento popular. Esa unidad entre el movimiento social civil y el movimiento social armado es la principal garantía para el desarrollo de la guerra de guerrillas. Dice una vieja máxima de la lucha popular: guerrilla aislada del pueblo, no sobrevive; y pueblo sin resistencia armada es masacrado. En conclusión, para las FARC-EP, los movimientos sociales y la resistencia guerrillera son expresiones organizadas de un mismo pueblo, que se complementan y retroalimentan dentro de un mismo campo popular.  
Movimientos sociales y Participación Política:
Los medios masivos de comunicación han desbocado una fuerte campaña de desinformación acerca del pasado Foro de Participación Política, llevado acabo en la Universidad Nacional, sede Bogotá, el pasado 28 de abril 2013. Según ellos, el objetivo de éste era discutir la manera sobre cómo los farianos y farianas entramos a pelear curules parlamentarias en nuestra, supuestamente, “inminente desmovilización”. El absurdo de tal afirmación, repetida miles y miles de veces en la radio, la televisión y las redes sociales era evidente.
El intenso batallar político militar de las FARC-EP no busca nuestra cooptación bajo el podrido modelo electoral y representativo existente en Colombia.
No hemos hecho inmensos esfuerzos al lado de nuestro pueblo durante décadas y se han sacrificado vidas tan valiosas como las de nuestros camaradas, Alfonso, Raúl, Mariana Páez, Jorge, Lucero Palmera, Cristian Pérez, Iván Ríos y millares de compañeros más, simplemente para terminar apoltronados en ese establo parlamentario, que cada día se encuentra más desacreditado frente a nuestro pueblo. Quienes desdibujan nuestras intenciones altruistas demuestran no sólo su interés en sabotear la Mesa de Diálogos en la Habana, sino que tienen una miopía política evidente: la de considerar las elecciones de la democracia burguesa como forma única de acción política y de democracia posible.
Las FARC-EP insistimos en la necesidad de abrir un debate intenso y masivo sobre las formas de participación política en Colombia. Pues estamos convencidos de que en nuestro país no existen garantías para que el pueblo se manifieste en las instancias presuntamente participativas y representativas. Esto se sustenta en la práctica sistemática de la eliminación selectiva de los líderes populares, de oposición o demócratas, por parte del Estado. La sucesión de mártires de nuestro pueblo es enorme, pero para este caso nos puede bastar con citar algunos ejemplos: Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán, representantes de las reservas democráticas del liberalismo de base; los candidatos presidenciales de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Osa; el presidente nacional de la UP, José Antequera; los candidatos de alternativas a la Colombia ultramontana Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán; el vocero oficial del PCCML y el EPL; durante el dialogo nacional Oscar William Calvo y el secretario general del PCC Manuel Cepeda Vargas, y dos de sus secretarios de organización Teófilo Forero y Miller Chacón; y miles de dirigentes hombres y mujeres del movimiento sindical, cívico, barrial, agrario y estudiantil, dan cuenta de que en Colombia son perseguidos y exterminados los liderazgos de oposición al régimen.
El gobierno Santos no es ajeno a dicha herencia: la desaparición reciente de los líderes de la restitución de Tierras en Córdoba, Urabá y Sucre, las amenazas al movimiento sindical, y la persecución al periodismo crítico dan muestras de que en poco, o en nada, cambia la respuesta terrorista oficial al disenso y a la oposición. A esto a hay que sumar la existencia de un entramado jurídico administrativo que aumenta y reproduce la naturaleza asimétrica del régimen político. Las talanqueras para la participación, veeduría y gestión de los sectores populares dentro de las decisiones del país, hacen que éstas resulten prácticamente negadas.
A eso referimos las FARC-EP cuando hablamos de participación política en la mesa de diálogos: Colombia requiere de un edificio institucional y jurídico que sea realmente democrático, en el que el pueblo participe y mandate sus derechos y exigencias. De allí que insistamos en una Asamblea Nacional Constituyente que de participación a todo el pueblo movilizado: a los movimientos sociales, organizaciones políticas, plataformas de DDHH, víctimas, y cómo no, la las expresiones armadas de la lucha popular.
La nuestra no es una propuesta acabada y única, sino un aporte al debate fraterno y constructivo que debe darse al interior del campo popular colombiano. Está entonces abierta a los aportes de todos los movimientos sociales, políticos y comunitarios que son bienvenidos. Para nosotros, una verdadera participación política se da con una democracia real, de base. En la construcción de ella, sabemos que nos encontraremos todos los que ansiamos y combatimos por un país distinto. La iniciativa está abierta, bienvenidos todos los aportes. Y sobretodo bienvenido el accionar creciente y decidido del pueblo movilizado, que el últimas será el único capaz de transformar la realidad de injusticia que nos agobia, estableciendo la Nueva Colombia con justicia, libertad, igualdad, y ahí sí una paz estable y perdurable.”

Tomado de:


Medios de comunicación privados para la sumisión, el odio y la guerra

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Colombia: Medios de comunicación privados para la sumisión, el odio y la guerra
por Alexander Escobar

Una deuda no pagada 
La fusión de dos escritos componen el siguiente texto: el primero, Medios de comunicación privados para el odio y la sumisión, concebido en febrero de 2012, y el segundo, La paz sin memoria de los medios del capital, escrito en febrero de 2013. Se han realizado algunos cambios, extraños momentos de ánimo o de indignación son responsables de que no siempre se escriba en modo similar; y por tanto, la necesidad de modificar o quitar algunas líneas para establecer un puente entre los dos escritos. Sin embargo, otra razón lo hace necesario, en febrero de 2012 los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC no estaban instalados, y un año después, ya escribíamos pensando en ello. 
Esto último también provocó que ocurriesen cambios. Los temas de la guerra y la paz con justicia social llevaron a la inclusión de nuevos párrafos. No fueron muchos, pero con ellos se descubre la urgencia de investigar sobre la evolución de los medios de comunicación privados en Colombia. Es necesario hacerlo, porque, al parecer, la tecnificación y sus formatos evolucionan acordes a la intensificación de la guerra. No obstante, la tarea implica incluir en el análisis el desarrollo de los medios en Latinoamérica y, sobre todo, en momentos de dictaduras. El caso venezolano es, quizá, el momento decisivo en que descubrimos lo moderados que habían sido los análisis sobre los mass media: su relación directa con el golpe de Estado dado al Gobierno del presidente Hugo Chávez, evidenció que éstos no solo son cómplices de dictaduras, sino que son los medios de comunicación privados la dictadura misma. 
Pero la tarea es una deuda no consignada en las siguientes líneas, aparece solo a manera de insinuación en algún párrafo, y que espero sea la excusa para la unión de muchas manos que escriban sobre el tema. 
Medios de comunicación privados para la sumisión, el odio y la guerra , es el “nuevo” texto que ha surgido, producto de una fusión forzada que hace necesaria su presentación en dos partes. Medios para el odio y la sumisión, es la primera, donde se aborda la injerencia de los medios sobre lo emotivo y algunos aspectos del ejercicio de la manipulación mediática; yMedios para la guerra, es la segunda, donde tocamos el tema puntual del conflicto colombiano y la búsqueda de la paz con justicia social. 
He aquí pues el texto de una fusión forzada que espero sirva de invitación para cancelar la deuda investigativa que en las siguientes líneas no se paga. 
Medios para el odio y la sumisión 
Aceptación y satanización son términos implícitos, o efectos, de los discursos empleados por los medios privados de comunicación. La aceptación, para nuestro caso, la asumiremos como aquello que emerge entre la opinión pública como “la verdad”; la satanización, por su parte, la entenderemos como su opuesto, “la mentira”. Acudimos al término “satanización” no por azar, o por capricho de estilo de quien escribe. Se propone por la capacidad de injerencia que los medios privados tienen en la actitud de la sociedad. 
En la actualidad no basta saber y demostrar cómo los medios masivos del capital encubren y mienten sobre el mundo en que vivimos. Es necesario, además, abordar la relación que ello establece con lo emocional. Porque los discursos también tienen una injerencia sobre lo emotivo, provocan odio y sumisión.
Nuestra situación actual, a la que estamos siendo conducidos, se aleja del debate y los argumentos. En su remplazo, el señalamiento indiscriminado gana un espacio abismal. Contradecir la versión oficial de los medios así lo demuestra. Hoy disentir con el televisor no se recibe como una diferencia de opinión frente a lo dicho en noticieros y programas privados; obrar de esta forma, sin oportunidad de defensa alguna, significa ganar estatus de mentiroso frente a “la verdad” de la pantalla. El televisor es el nuevo ídolo, al que se venera como a un Dios, y su palabra es sagrada. Contradecirlo es pecado. Por tanto no solo somos mentirosos al contradecirle, además somos odiados, estigmatizados por los fieles que adoran la versión oficial. 
En el mundo privado de los medios lo que importa no es la veracidad de los hechos ni la fuerza de los argumentos. Su accionar está determinado por la forma, la frescura de sus formatos y presentadores que imponen cualquier contenido, editado a su antojo. Su misión es recoger elementos fragmentados de la vida, de la cotidianidad, y elaborar con ellos un universo virtual de verdades aceptadas por la audiencia; son dioses mediáticos cuyos discursos evaden la exigencia de la argumentación y el debate. 
Pero también son negocio. Entretener es su fuerte. No importa si es pobreza o muerte el tema, nada se salva de ser rentable. Para ello siempre habrá una música de fondo, un narrador con tono melancólico, y algunas miradas de niños y gente humilde en cámara lenta para hacer del drama algo entretenido y conmovedor. Tratan de mostrarlo como si fuese un gesto humano, cuando simplemente es una distracción pasajera que en pocos días será desplazada por otra tragedia más rentable y conmovedora. Pasan de tragedia en tragedia sin desnudar aquello que la produce. Presentan la pobreza como un acontecimiento espontáneo, natural, que nace y muere en el lugar que está, y cuya solución recae en la caridad de las personas. Mientras su trasfondo, sus verdugos jamás son tocados; no se informa sobre la corrupción y el saqueo legislativo del congreso que las provoca. Con golpes de pecho y llamados “al buen corazón” desvían la atención y esconden las causas del problema, a los responsables, a quienes diariamente despojan a la sociedad de oportunidades para una vida digna. Es una sutil forma de silenciar la crítica, la reflexión y la rebeldía ante la injusticia. 
Los medios privados promueven temas para su aceptación y repetición. La sociedad es la presa que, sin argumentación y debate, repite y acepta un mundo virtual bien presentado, bonito, impecable. La realidad editada y tergiversada en formatos agradables a los ojos, los oídos, y la manipulación del corazón, resulta más entretenida que una realidad no-editada. La sociedad se vuelve adicta a la vida representada, mas no vivida. Cinco horas de magazín en las mañanas, una televisión sin angustias, sin debates sobre los problemas sociales, reemplaza el tiempo de la vida en la calle, y desalojan en forma dramática el pensamiento y la acción para transformar la sociedad. Es un monopolio de la audiencia donde se imponen discursos con intereses definidos. No son temas para solucionar los problemas del pueblo, sino temas para sostener los intereses de los dueños del capital, que a su vez, y sin descaro alguno, también son propietarios de los medios. Son ellos quienes definen qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”. 
Controlar los temas es controlar las prioridades de la población, es controlar su ideología. No hablamos de lo que necesitamos, se nos impone lo que otros requieren que se diga. Los medios privados ejercen control sobre los discursos, y éstos sobre la actitud y actividades de la sociedad. El Tratado de Libre Comercio entre Colombia y E.E.U.U. es un ejemplo claro de lo anterior. Su aprobación fue celebrada en diarios y noticieros, y posicionado el tema como algo benéfico para el país. En sus medios no existe debate que diga lo contrario, a no ser por las breves intervenciones de organizaciones sociales cuyos argumentos, a manera de telegramas o twitter, quedan en desventaja ante los funcionarios del gobierno que poseen largas horas a la semana en los noticieros del capital. 
Temas cruciales para la sociedad son tratados en modo similar. Son muchos los ejemplos que podríamos citar, casos innumerables, pero ahora nos interesa tratar un tema en particular: el conflicto colombiano y la búsqueda de la paz. 
Medios para la guerra 
En 1998 tres hechos se cruzaron en Colombia: la puesta en marcha de los dos primeros canales privados de televisión, el Proceso de Paz entre el Gobierno y las FARC (suspendido en el 2002), y las gestiones ante el Gobierno norteamericano para implementar el proyecto contrainsurgente conocido como “Plan Colombia [2]”. 
Llama la atención que estos hechos ocurrieran en forma simultánea, porque la decisión de intensificar la política de guerra del Estado colombiano (con la implementación del Plan Colombia) coincide con el fortalecimiento de los medios de comunicación privados que obtuvieron sus dos primeros canales de televisión. Y recordemos que todo ocurre en 1998, cuando se adelantaba el Proceso de Paz entre el Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC, proceso que hoy también conocemos como los “diálogos del Caguán”. Debemos recordarlo porque es este, quizá, el episodio más claro donde observamos que la intensificación de la guerra y los medios del capital evolucionaron conjuntamente contra la solución política al conflicto colombiano. Vemos, entonces, a los medios de comunicación privados como un componente fundamental para el análisis del conflicto colombiano. 
Tomemos por ejemplo los dos últimos procesos de paz. Ha sido función de los medios mantener la tensión y promover su ruptura. Si en los diálogos del Caguán el tema de la zona desmilitarizada era presentada como la “entrega” de una parte del territorio y la rendición del Estado colombiano a la insurgencia, hoy los medios llama “secuestrados” a los prisioneros de guerra capturados por las FARC para hablar de “la no voluntad de paz” de la guerrilla. Éstos son algunos casos concretos que podríamos citar. Sin embargo, la estrategia para actuar en contra de los dos últimos procesos de diálogos con las FARC, radica principalmente en tomar episodios de la confrontación armada, centrando la atención únicamente en las acciones de la guerrilla, y exponerlas como justificación para no continuar dialogando sobre la solución política del conflicto. Pero hay otra finalidad. También recurren a ello para reducir “la paz” a un simple proceso de dejación de armas de la insurgencia, toda una estrategia mediática diseñada para ocultar la no voluntad de paz del Gobierno, cuya postura se traduce en la negativa de cambiar las estructuras económicas, políticas y sociales que hoy condenan al pueblo colombiano a la miseria. 
Es determinante el papel que juegan los medios como actores del conflicto colombiano, en tanto que la guerra no solo representa una carrera armamentista, es la guerra, además, un discurso cotidiano que deber ser aceptado y avalado por la sociedad. 
Y son los medios los encargados de imponer ese discurso. Para ello despliegan la propiedad privada que ejercen sobre la información, y desaparecen de sus programas la salida política al conflicto como opción a seguir; la omiten de tal manera que prácticamente es borrada del imaginario de las personas y presentada como una posibilidad absurda y descabellada. Aprovechan el monopolio de la audiencia del que gozan, y en su lugar exhiben la guerra como verdad, única solución. Hasta que la sociedad queda cautiva de su influjo, y finalmente acepta y repite el mismo discurso, mientras practica el odio y aclama la muerte: “¡hay que acabar con esos terroristas!”, son sus palabras, aunque inducidas por otros. 
Muchas son las razones para no continuar la guerra, –y de las cuales nunca hablarán­–. Razones tan mínimas como saber que una simple operación matemática, de suma y resta, es suficiente para demostrar que el dinero dedicado a la guerra podría solucionar grandes problemas del pueblo, si fuera invertido para su bienestar. Pero lo último no tiene relevancia en la agenda noticiosa –obviamente–, ni se repite con la misma frecuencia que la palabra “terrorismo”. “Salida política al conflicto”, es una frase excluida del vocabulario de presentadores en noticieros, magazines y realitys, y la “operación matemática” que brindaría más recursos para la inversión social, es omitida en la programación de los medios privados. 
Así se impone el odio como verdad, y la sensatez como mentira para ser odiada, estigmatizada. Los resultados son aterradores. Quienes proponen la salida militar al conflicto son aceptados en sociedad, mientras que aquellos que se oponen, son vistos con desconfianza y recelo, estigmatizados y señalados como personas peligrosas que “apoyan el terrorismo”. 
Hoy vivimos momentos de coyuntura. Las FARC y el Gobierno colombiano se encuentran de nuevo en una mesa de diálogo; y el hecho nos podría llevar a pensar que las cosas son diferentes. No obstante, no debemos equivocarnos. Si la frase “solución negociada al conflicto” es hoy empleada por los medios, es solo una forma más agresiva de negar la salida política a la guerra en Colombia. 
Esto no es nuevo. Durante los diálogos del Caguán, la frase “salida negociada al conflicto” también fue utilizada por los medios de comunicación privados; pero ahora sabemos que su intención, su estrategia de guerra, no era otra que preparar el terreno para la aceptación de un Gobierno que aseguró acabaría con la insurgencia en un periodo de cuatro años. La tarea fue encomendada a Álvaro Uribe Vélez, quién duró 8 años en el poder implementando el Plan Colombia, sin lograr derrotar a los grupos insurgentes. Sin embargo, una tarea si fue lograda: posicionar al país como un violador sistemático de los derechos humanos, con casos tan aberrantes que incluyen crímenes de guerra que conocemos como “falsos positivos”. 
El Proceso de Paz del Caguán nos dejó enseñanzas importantes sobre el tema. Porque su experiencia demuestra que para intensificar la guerra, los medios recurren al tema de la paz y la salida negociada al conflicto como plan estratégico para justificar la guerra. Podemos observar cómo funciona su lógica: si la guerrilla acepta desmovilizarse y entregar las armas sin que ocurran cambios estructurales que pongan fin a la iniquidad del país, los medios promueven los diálogos y aplauden la buena voluntad de la insurgencia; pero si la insurgencia se niega a desmovilizarse en tanto no sucedan cambios en la estructura política, económica y social, es decir, hasta que no se garantice condiciones de vida digna para el pueblo colombiano, entonces los medios justifican la ruptura de los diálogos mostrando a la guerrilla como “culpable” del fracaso. 
Y justificada la ruptura en las noticias, justificado el odio y la intensificación de la guerra contra “los culpables”: la guerrilla. De este modo la frase “salida política al conflicto” se convierte en víctima de esa guerra, y quienes se oponen a la vía militar, en víctimas de quienes les señalan de ser colaboradores de la insurgencia. 
Ahora volvamos a los momentos de coyuntura política del país. Vemos, al igual que en los diálogos del Caguán, que la paz convertida en noticia por los medios de comunicación privados, significa la guerra llevada al escenario de la conspiración contra la justicia social del país. 
Pero los alcances de los medios son mayores. Porque sostener la guerra como forma de prolongar la injusticia y la desigualdad en un pueblo, implica cumplir una tarea más siniestra: convertir la paz en una guarida para la desigualdad y la injusticia del país. 
Para los medios del capital, el conflicto colombiano carece de causas y orígenes. Es su misión presentar el alzamiento armado en Colombia como un acontecimiento sin antecedentes. Por tanto, para ellos no existen procesos de paz que pongan fin a los problemas sociales que originaron el conflicto; su estrategia es la imposición de palomas blancas en mentes en blanco, una paz de vencidos y vencedores donde solo hay cabida para la rendición de los grupos insurgentes. Todo es un reality mediático que semeja libros de superación personal llevados a la pantalla, y que se encargan de desaparecer las causas que dieron origen a la insurgencia, al igual que ocultan la permanencia y profundización de las mismas. 
Noticieros, presentadores y periodistas se ocupan de presentar el conflicto en Colombia como un acontecimiento sin memoria. Pobreza, injusticia y terrorismo de Estado, desaparecen de la bandeja de programación al hablar de paz, y también se excluyen como causantes primordiales del alzamiento armado en el país. 
Con sus cámaras y micrófonos convierten la paz en un reality donde los fusiles de la insurgencia deben entregarse a cambio de camisetas blancas, taxis, capacitaciones para crear microempresa, y uno que otro puesto en el Congreso de la República, sin que ocurran cambios en el modelo económico, político y social del país. 
Es el reality de los medios del capital imponiendo el libreto para hablar de paz, donde el Gobierno es el protagonista presto a repetir cada una de sus páginas. 
“Ni modelo económico ni doctrina militar están en discusión”, es la primera línea a memorizar; ensayada luego frente al espejo como si se estuviese en la mesa de diálogos de paz; repetida una y otra vez hasta lograr naturalidad; y finalmente dejada en libertad para ser divulgada por los negociadores del Gobierno, tal como ocurriera el 18 de octubre de 2012 en Oslo. Es un libreto hecho a la medida del tirano, que en una línea deja claro el mensaje del Estado: con el pueblo no se discutirá el modelo que lo condena a la miseria, ni habrá cambios en las estructuras responsables de la iniquidad, el saqueo transnacional, la represión, y el terrorismo de Estado en Colombia. 
“Paz con justicia social” es la frase que molesta a los medios del capital. Es para ellos un fastidio la paz rebelde del pueblo colombiano, les incomoda, porque se opone a la paz como guarida para el silencio y negación de los problemas históricos de la sociedad. Es clara la razón; miseria, injusticia, corrupción, saqueo transnacional, y terrorismo de Estado, no son temas a resolver en la paz de la superación personal que imponen los medios de comunicación privados. Su paz es la continuidad de las causas del conflicto, pero con los fusiles de la insurgencia silenciados. 
Todo está escrito en el libreto para negar la justicia social que requiere el país. Pero también se escribe para desconocer el conflicto que diariamente padecemos. Hay hechos que lo confirman. Cada vez que el Gobierno rechaza la toma de prisioneros realizadas por las FARC, sirve para ratificarlo. Porque su propósito de calificar como “secuestrados” a los prisioneros de guerra es solo parte del reality que niega las dinámicas cruentas del conflicto, y un distractor para evadir las discusiones de fondo que exigen cambios en el modelo de desarrollo del país, como es el caso de la Política de Desarrollo Rural y Agrario Integral ampliamente debatida por el pueblo colombiano en diciembre de 2012. 
Hagamos un paréntesis, o tal vez una claridad. La toma de prisioneros es una expresión del conflicto interno que el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos reconoció paraasegurar jurídicamente los bombardeos [3] contra la insurgencia, el mismo conflicto interno que hoy niega cuando califica de “secuestrados” a miembros de la fuerza pública que se desempeñan como combatientes y que son capturados por las FARC. 
Es este uno de los hechos más dicientes y vergonzosos realizado por los medios de comunicación privados en Colombia; en cada canal, y en cada uno de sus programas, desconociendo a los prisioneros de guerra como una realidad concreta del conflicto.
Los medios actúan en modo sincronizado para reproducir las necesidades de guerra del Gobierno. Y el anterior, es tan solo un episodio descarado de su actuar. Funcionan como simples reproductores de la versión oficial del Estado. Y utilizando el monopolio de la audiencia del que gozan, se imponen como versión única del conflicto. Los medios no buscan fuentes de información, ni siquiera buscan las fuentes oficiales del Estado, porque hacerlo significaría que se están buscando a sí mismos. Son los medios, por tanto, fuente directa del conflicto integrada al orden político, económico y social que perpetúan con cada Gobierno. 
Es fácil entender ahora por qué su accionar solo se enfoca a promover el odio hacia la insurgencia –su enemigo–, mientras oculta los miles de crímenes cometidos por el Estado. 
La sociedad desconoce, en su mayoría, el conflicto colombiano. La carencia de fuentes para conocerlo, así lo determina. Pocos son los periodistas que se atreven a informar sobre la versión de la insurgencia. Y quiénes se atreven a hacerlo, se convierten en objeto de señalamientos, estigmatización y persecución estatal. 
La versión única del conflicto ejerce monopolio sobre la audiencia e imposibilita construir un criterio autónomo frente a la guerra. Se conocen las armas del conflicto, pero se ignora la condición humana de quien las empuña contra el Estado. Como fuente oficial, los medios humanizan solo a los combatientes que defienden al Gobierno, al tiempo que niegan la condición humana de los combatientes de la insurgencia. De este modo se justifica la pena de muerte en el imaginario de las personas. Porque “dar de baja”, dar muerte a un ser despojado de su humanidad, no representa motivo de reflexión para lo sociedad, es obvio que no lo representa, pues es la sociedad quien ahora aclama por los actos de sangre: “hay que acabar con esos terroristas”, son sus palabras, pero recordemos que inducidas por otros. Esto constituye una de nuestras grandes tragedias. A quienes siempre hemos abogado por la humanización de la guerra, su regularización, ahora nos sobreviene una tarea más profunda: la guerra de los medios debe tener como respuesta el trabajar por la humanización de la sociedad, a luchar para rescatarla del odio, y recuperarla de nuevo para la vida y su defensa. 
Con la estrategia del odio polarizan la sociedad contra cualquier posibilidad de diálogo de paz con la insurgencia colombiana. Aunque también cumple otro objetivo, despojar al adversario de toda condición política, y, en consecuencia, del uso de la palabra. Es de esta forma como operan para silenciar la otra historia de la guerra y sus acontecimientos. 
Sin embargo, existe la posibilidad de conocer la otra historia del conflicto. Distintas fuentes de información reposan esperando ser analizadas. Sabemos que la guerra es también una confrontación mediática, y la insurgencia cuenta con presencia en esa dinámica del enfrentamiento. Sus audios, videos, fotos y documentos reposan en el mundo de la virtualidad para ser consultados. Y quienes pretendan estudiar el conflicto deben acudir a estas fuentes sin temores, sobre todo quienes ejercen la docencia y la investigación universitaria. Porque la universidad no puede ser un lugar de censura para hablar del conflicto con todas las voces que lo componen. Ya conocemos la versión de los medios privados, ahora debemos conocer la versión la insurgencia. El no hacerlo constituiría un hecho de suma irresponsabilidad, pues estaríamos evadiendo el camino hacia la lectura autónoma del conflicto. 
Pero consultar las “dos fuentes oficiales” no representa la solución. La historia del conflicto siempre estará inconclusa si no surgen otras versiones desde del periodismo independiente. De allí la importancia de los medios alternativos y populares, por su tarea decidida de informar los acontecimientos sobrepasando la versión oficial del Gobierno y la insurgencia. 
Por ello a los medios alternativos les atañe una noble misión frente al conflicto: curar a la sociedad del odio que la ciega, esto significa, despertarla para que sea su camino la lucha por la solución política al conflicto y la paz con justicia social. 
No obstante, lo anterior solo debe ser una de nuestras banderas. En tanto que nuestra mirada no puede detenerse solo en ejércitos y cuerpos policiales que sostienen la guerra y ejercen control sobre las poblaciones. Más allá del sostenimiento de la guerra, el ocultamiento de las injusticias y los crímenes de Estado, los medios privados tienen como objetivo promover el odio a la crítica y a quienes la ejercen contra la sumisión. 
Nunca antes como hoy luchar contra la corrupción, la injusticia y la tiranía, había sido tratado con tanto desprecio por quienes padecen las infamias del tirano. El control sobre la sociedad y el grado de afectación en su cotidianidad ha sido tan fuerte y prolongado, que su logro está en hacernos parecer personas no deseadas, rechazadas y aisladas por una sociedad que yace confundida y, en su mayoría, resignada a la opresión. 
Hace poco más de un siglo, Oscar Wilde anotaba que en “la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos”. Sin embargo, el orden actual de las cosas sobrepasa esta tragedia. Ahora no solo se trata de las máscaras que llevamos ante la sociedad. Es la sociedad, en sí misma, una gran máscara, una ilusión de libertad creada por los medios del capital. Es aquí donde un proyecto de comunicación alternativa retoma su importancia. Porque se trata no solo de informar lo que el capitalismo oculta tras sus medios. Su tarea es de más largo aliento. Desenmascarar la sociedad, y dejar desnudo el esqueleto de resignación y sumisión que la caracteriza, constituye un objetivo fundamental de su quehacer. 
Estamos enfrentados al odio como estrategia de satanización hacia las luchas populares y como medio para sostener la guerra, saberlo de antemano, es asumir con responsabilidad el espacio que queremos transformar con la comunicación alternativa. De ello dependerá el acierto de nuestros proyectos o, caso contrario, qué tanto desconocemos de la dominación. 
Lo que está en juego es la recuperación de la memoria de nuestros pueblos, su carácter soberano, y su criterio autónomo frente a los hechos. El trabajo de la comunicación alternativa radica en arrebatarle el mundo a la virtualidad creada por los medios privados, despojarlo de sus máscaras, despertarlo de la sumisión, y recuperarlo para vida solidaria de los pueblos. 



 Documento presentado en el Primer Foro Conflicto, medios y solución política, organizado por la Marcha Patriótica del departamento del Valle del Cauca, el Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (PUPSOC), y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP). Santiago de Cali, febrero 28 de 2013.
[2] Aprobado en el Congreso de Estados Unidos el 11 de julio de 2000, el Plan Colombia plantea cuatro componentes:
1) Solución Política Negociada al conflicto.
2) Recuperación económica y social.
3) Iniciativa contra el Narcotráfico.
4) Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social.
De los cuatro, centrémonos en el tercero, Iniciativa contra el Narcotráfico, porque sirvió de justificación para fortalecer el del aparato militar colombiano, a través de la ayuda económica norteamericana para fines contrainsurgentes. Y los fines “sociales” que –aún– presume contener, son simplemente su cortina de humo, al igual que la inclusión de una iniciativa “enfocada” a la solución negociada del conflicto. Por ello, es necesario centrarnos en sus tres primeros años de ejecución para establecer cuál fue su comportamiento durante el Proceso de Paz adelantado en aquel entonces. Por ejemplo, la investigadora María Clemencia Martínez anota que en los tres primeros años, el presupuesto asignado a la negociación del conflicto representó solo el 1% de los dineros asignados por Estados Unidos, mientras que el componente militar se fortaleció abismalmente, si tomamos en cuenta los datos de la División Nacional de Planeación que, en informe de septiembre de 2003, reporta que con el Plan Colombia “la Fuerza Pública incrementó su capacidad helicoportada en 77% y el número de aviones en 16%”, así como también “aumentó en 320% la capacidad aeromóvil del Ejército y en 57% la de la Policía”. Y por tanto, durante esos tres años de ejecución, la investigadora concluye que “los recursos provenientes de Estados Unidos, que son la mayoría del total proyectado para cubrir el Plan Colombia, se han orientado a financiar el tercer componente, definido como la Iniciativa contra el Narcotráfico, con una participación mínima en el componente de Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social”. Véase EL PLAN COLOMBIA DESPUES DE TRES ANOS DE EJECUCION: entre la guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo , de María Clemencia Martínez. Disponible en:
 http://www.mamacoca.org/Octubre2004/doc/EL_PLAN_COLOMBIA_DESPUES_DE_TRES_ANOS_DE_EJECUCION.htm#_ftn24  
[3] Ver las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos:  http://youtu.be/2GDq0DQZNp0 

tomado de:

13 mayo 2013

“Por Dios, no lo maten, no lo maten”

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Con este título me quiero referir al artículo escrito por José Antonio Gutiérrez D, sobre el asesinato de Giovanni Díaz, guerrillero campesino colombiano, que ha sido publicado en la red [www.ojosparalapaz-colombia.blogspot.com.es/2013/04/reflexiones-sobre-el-asesinato-de.html]


“Por Dios, no lo maten, no lo maten”por María Madrugada

Cuando lo leí tuve la impresión de estar frente a un documento histórico, o mejor, frente a un documento para reconstruir esa historia que está escribiendo con sangre nuestro pueblo en los escenarios de la vida rural de Colombia. No es la historia falseada y manipulada que trasmiten los medios de comunicación masiva y que se sintonizan con discursos rebuscados de “gente acomodada en las ONGs financiadas por la cooperación europea” y similares.
Su versión, a diferencia de la de la falsimedia, cuyas fuentes de información son el estamento militar y/o los personajes del poder hegemónico y sus aliados, se apoya y remite, a los testimonios directos y esclarecedores, de quienes vivieron y fueron testigos de los hechos.

Por Dios, no lo maten, no lo maten”. Esta suplica estremecedora que emitiera Eder Portillo, el campesino panelero abalanzado hacia los sicarios con los brazos en alto, me remitió al cuento de Juan Rulfo “Diles que no me maten”. Dolorosamente el campesino panelero, padre de cuatro pequeños hijos, que “ni siquiera conocía al guerrillero”, también fue abaleado.

Pero a diferencia del cuento que relata una especie de “ajuste de cuentas” sobre un personaje que solitariamente huye de la muerte, en nuestra convulsionada Colombia, miles de hombres y mujeres campesinos –en particular- se alzaron en rebelión contra las ignominiosas condiciones de existencia y para defenderse de la agresión que desde las elites en el poder se ha venido ejerciendo y se ejerce sobre sus vidas, las de su familia y su comunidad.

No es nuevo, lo sabemos, más de 500 años sojuzgados, e igualmente durante estos siglos, levantamientos, rebeliones, paros, marchas, huelgas, protestas, manifestaciones, y disimiles formas y expresiones de lucha para enfrentar la ignominia. Todo se ha ensayado, y aquí estamos, y aquí seguimos, a la verraca, con formas más crueles de explotación, opresión y miseria. El hecho es que las cosas no andan nada bien en estas tierras, ¿o sí? Alguien nos puede mostrar las bondades del neoliberalismo y del capitalismo salvaje en nuestra Colombia herida?

Pero volvamos al documento. Por campos de monte y caminos de tierra, transitó Giovanni Díaz aquel 2 de febrero para celebrar su 31 cumpleaños. Le imagino silbando, alegre y sonriente dada la descripción que de él hacen quienes le conocieron, “era un muchacho alegre, un joven comprometido con sus ideas, con un profundo sentido justiciero, amiguero, que despertaba simpatía entre la gente que lo rodeaba”. “Un muchacho de bastantes amigos y dicen que siempre que podía, bajaba a La Marina o a las veredas cercanas a compartir un trago y un baile, y a ver a su familia, a su compañera y a sus hijos” Y también era un campesino del Tolima de una humilde familia de cafeteros. Si, también era un guerrillero.

Necesario detenerse en esto último, ¡un guerrillero! Dios santo, otro más. Terroristas, delincuentes, criminales, bandidos, causa y fin de todos los horrores, esos monstruos salidos de quien sabe dónde, es lo mínimo que nos dice la falsimedia respondiendo a los intereses de sus dueños. Y es lo mismo que dicen sus aliados de ONs y similares, desde las argucias retoricas del intelecto, con la mesa servida con panes y quesos por la gracia de ese decir y desdecir, con “supremos análisis” sobre este mundo y el otro.

No les resultará como mínimo curioso que al funeral de Giovanni Díaz asistiera el pueblo llano, el pueblo campesino de ese sector de Tolima con muestras de dolor, para remitirme a este caso del que pudimos saber, por alguien (muchas gracias) que se tomo el trabajo de indagar desde las entrañas la verdad. De no ser así, la versión de la falsimedia se impone, como se ha impuesto en millares de colombianos, creaciones demenciales que derriban la realidad, ocultándola, tergiversándola y manipulándola, es ello hoy el opio para cegar conciencias.

El resultado de este opio es el estigma, la letra escarlata clavada sobre estos hombres y mujeres para que los quemen vivos en las calles de esta infame inquisición. No pudieron, e inventaron sus ejércitos paramilitares, que sumados al ejército institucional y con los miles de dólares del imperio y toneladas de bombas y aviones drones y no sé qué cosas más, los persiguen, asesinan y atormentan. No importa que sean guerrilleros o no, son campesinos, negros e indígenas y sobre la población rural se asesta con más saña la barbarie de la oligarquía y el imperio. Bombardeos, fumigaciones, masacres, deplazamiento, asesinatos. No importa si están armados o desarmados, lo que les importa es expandirse y aumentar sus ganancias. Lo que importa es que en la Colombia rural se encuentran los recursos naturales codiciados para concentrar el poder y la riqueza en sus manos y servir a los intereses del gran capital transnacional.
Pero el comunicado militar dice que dos guerrilleros de las FARC-EP murieron en combate. Qué forma tan vil de encubrir sus asesinatos, cambiar sicariato por muertes en combate y además se ufanan de sus actos. “La permanente ofensiva que las tropas del Batallón N17 José Domingo Caicedo, adscrito a la Sexta Brigada, adelantan contra el Frente 21 de las Farc continúa arrojando resultados positivos para la comunidad”. El presidente Santos con su doble faz que habla de paz y exhorta la cruenta guerra está muy orgulloso de los triunfos logrados.

El triunfo cobarde, el triunfo ruin es revelado en la desgarradora y última fotografía tomada a Giovanni. Él allí sentado, arreglado con sus mejores ropas, sus largos brazos caen a sus costados y su cabeza tirada contra el espaldar chorrea sangre sobre un piso liso y gris. Esa es la historia que está escribiendo con sangre nuestro pueblo.

Giovanni Díaz y Eder Portillo, se han convertido en sol, agua y tierra, que nutrirán los sueños de justicia, pan, dignidad y libertad, la noche oscura ha de pasar para encontrar la luz de un nuevo amanecer.

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