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La Red de D.H. Francisco Isaías Cifuentes denuncia la reorganización y control territorial por parte de paramilitares en el sur del Cauca y norte de Nariño

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La Red de derechos humanos Francisco Isaías Cifuentes denuncia la reorganización y control territorial por parte de paramilitares en el sur del Cauca y norte de Nariño.

Por RpaSur / Red de derechos humanos Francisco Isaías Cifuentes
Tomado de Colombia Soberana
Amenazas de grupos paramilitares en el sur occidente colombiano. [AUDIO por RpaSUR]

En diálogo con la Red de Prensa Alternativa del Sur Occidente Colombiano, RpaSur, Cristian Delgado de la Red de derechos humanos Francisco Isaías Cifuentes, denuncia que hay una reorganización y control territorial de los paramilitares que se identifican como 'Urabeños' y muestra su preocupación por el hecho de que los gobiernos regionales y municipales nieguen esta realidad, argumentando que el accionar de las llamadas bandas delincuenciales llega hasta el municipio de Jamundí en el Valle, esto a pesar de los pronunciamientos a nivel nacional, de las denuncias de la comunidad y de la captura de integrantes de los 'Urabeños' en el Cauca.

Delgado hace referencia a graves hechos sistemáticos como las continuas amenazas a los líderes de Marcha Patriótica, de la MIA y los candidatos de la UP, robo de información, asedio a las sedes de la Unión Patriótica y las agresiones personales que han sufrido varios de éstos líderes en los municipios de Corinto, Sucre, Caloto, Popayán y Leyva. 

Con respecto al control territorial, en Sucre hay aproximadamente 200 hombres armados pertenecientes a los 'Urabeños' y se han ubicado dos campamentos de estos paramilitares, uno entre Mojarras y Leyva y otro en la vía que comunica al municipio de Valvoa. También hay sitios definidos en donde "van a hacer incursión" como en Argelia, donde los paramilitares están organizando reuniones con la comunidad.


Tomado de Colombia Soberana

Paramilitares siembran terror en la Serranía de San Lucas

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Por Camilo Raigozo. Notimundo
Publicado el 17 de Febrero en Notimundo.in

Las comunidades de la zona alta de la Serranía de San Lucas denunciaron a organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos y a la opinión pública los atropellos de paramilitares en la zona sin que la Fuerza Pública intervenga.

Según la denuncia, el pasado 16 de febrero en cercanías a la vereda San Mateo del municipio de Montecristo, Bolívar, unos 100 paramilitares del grupo criminal llamado “autodefensas gaitanistas” realizaron un retén en el que maltrataron  a las personas que transitaban por ese sitio.

Los agentes de la muerte del régimen controlaron, retuvieron, constriñeron y le dieron toda clase de malos tratos a la gente, especialmente a quienes se ganan la vida trabajando como mototaxistas. A muchas personas las mantuvieron secuestradas por varias horas.

Estos  mismos paramilitares son los mismos “urabeños” que siguen implantando un régimen de terror en varias zonas agrarias cometiendo asesinatos selectivos y masacres. Las comunidades creen que son el brazo siniestro del Ejército y la Policía porque actúan libremente sin que la Fuerza Pública les presente algún estorbo.

Sobre las comunidades mineras se cierne nuevamente la amenaza paramilitar especialmente la comunidades como San Mateo, El Dorado, Casa de Zinc (Masacre 17 de agosto de 2011), la Garita, La Cañana, Mina Proyecto y la región de Micoahumado dado que alias “bruno” cabecilla de los delincuentes dijo: “ Ahora vamos es camino a la zona de las minas”.

Tanto las comunidades, como las organizaciones defensoras de derechos humanos, responsabilizan directamente al Ejército, a la Policía y al Gobierno, de lo que le está pasando con la estrategia paramilitar y de los crímenes que se puedan presentar.

Tomado de Notimundo.in

La izquierda parlamentaria de Colombia, amor de madrugada o un trasnocho épico?

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/por Sara Leukos/
Escrito el Jueves, 20 de Febrero de 2014/

Actualmente en este episodio de elecciones parlamentarias y presidenciales  abundan cifras,  analistas, estadísticas  y toda relación de análisis sobre el acontecimiento de las elecciones de 2014.  No voy a entrar en una relación de estos habitáculos de porcentajes, ingresos, relaciones espacio-temporales, análisis electoreros, los cuales los he leído y me han parecido pertinentes. Centro  más bien,  mi mirada  en esa  relación  política -existencial del llamado parlamentarismo de izquierda en Colombia y su relación con los colectivos.
Allí me voy a detener. En estos tiempos  de incansable lucha- uno se interroga-¿Existe una verdadera izquierda parlamentaria en  Colombia? – la verdad ante cualquier trazo de respuesta, recurro a una figura: uno no sabe, si sus protagonistas van como  hacia el encuentro de un amor de madrugada o están pasando un trasnocho, bajo palabritas y leyendas épicas. Esa izquierda  raída, actualmente en remiendo, presa, atrapada  en su propio tiempo, deambula como  un sonámbulo  a ciegas, sin encontrar a su amante eterno o quizás pasando ya por el ocaso de un trasnocho político. No lo sabemos. Los intereses protagónicos,  épicos deambulan de una orilla a otra, alianzas, acuerdos emergentes, tiempos de gloria, leyendas  épicas, muertes políticas,  memorias bajo el retozo de una lucha y, otros bajo un recuerdo pequeño burgués de ser  la voz reveladora que su clase les prodigó, afianzan su querer-ser en la historia anacrónica de Colombia. Allí en ese trazo,  como decía Atenea la diosa ojizarca en la leyenda  de Odisea: …verdad es que Ulises no ha muerto  en la tierra, antes bien, está preso con vida en el ancho océano, pues en isla que cercan las olas lo guardan infames y selváticas gentes forzando sus vivos deseos- Canto I.[1] Ante esta figura de Ulises, en medio del océano y bajo los acechantes anhelos electoreros, pregunto-¿ Verdaderamente  los partidos de izquierda  pueden generar una contra-propuesta, a la asechanza de los vivos deseos de una clase dominante ?- Por ahora me respondo- No. En absoluto. Hay un gran abismo, en lo que se dice y lo que se hace. Contravía lamentable, ante los desprotegidos y los  colectivos que como rio en buen cauce se atisban en  los movimientos  sociales. La izquierda parlamentaria no se atisba en los movimientos sociales, solo retoza en bastos espejuelos seudo-reformistas, donde narcisamente  se ven sus protagonistas; para realzar su historia en la anacrónica cara del  tiempo. 
Los movimientos sociales y aún los pequeños grupos, están en un estado latente de participación; hacia un trayecto de  transformación, de cambio de sus propios propósitos. El fin, es hacia un encuentro con el poder político  como factor de lucha de clases. No es el gran salto de la rana. Es  lo contrario, se  advierte la  vivacidad colectiva que se inscribe en lo social y  da  un camino  al poder político popular. El debate se significa, hacia un mundo interno y organizativo del  trabajo  como lucha de clases y no bajo trazos partidistas, con ausencia pragmática que  bajo la barbarie del tiempo no logra advertir una  atención política en las esferas de lo público, a mi modo de la política pública que es donde subyace el ciudadano. Los partidos de izquierda,  abogan reformitas  bajo una indulgencia demagógica, donde creen  que hay poder político. Viven el terror del niño abandonado,  quizás  buscando el lugar  que se les ha negado, deseando  ser reconocidos a toda cosa, quizás hasta del  olvido  de lo que quisieron ser. A diferencia de ellos, se avizoran fuertes cambios, los  movimientos sociales trazan una rebelión desde abajo, hacia el sistema que produce pobreza, engaña, explota, roba y elimina. Es la lucha cotidiana por aquellas transformaciones de fondo y peso,  los sujetos  políticos en colectivo, de cara  a lo público, se rebelan  desde abajo, pero concentrados desde adentro en la vía hacia a la significación del poder político.  Esto último, el parlamentarismo de izquierda lo sub-comprende, no logra asumirlo, su capacidad de conquista del poder político, está fraguado por  fragmentaciones programáticas bajo la ausencia de un pragmatismo y el abandono de una verdadera crítica de la política pública dominante. Así, en esa medida no es posible  que advierta  una crisis,  y no se acerque a un trazo político subversor, revelador.
Las actuales elecciones, en la representación de la izquierda en Colombia,  no se encaminan bajo una democracia, es una comedia  de elecciones. En el fondo es una puesta en escena del poder político ocasional, anacrónico y de visión estrecha a interés capitalistas. Así Colombia subyace en una retórica vulgar, bajo un  tiempo oscuro que no logra salir, permeada en una escisión histórica y perpetrada por un  protagonismo, que  bajo el obscurantismo de una clase dominante se asila sin encontrar el  camino. El trazo en el tiempo es intermitente y  la  otra línea, la de un pueblo está  en un hilo  denso, que de forma continua sigue  halando  sus proyectos.  Allí no hay una ruptura, solo existe  un laberinto del tiempo. El gran reto en los movimientos  sociales es un trayecto  organizativo, con un papel de unidad y diferencias que  respiren  bajo  un punto esencial, común: el poder político. Este siglo, es el de las movilizaciones sociales, trazado en  rebeliones,  bajo  nuevas formas y   lenguajes contra el tiempo. Es la tendencia de instrumentos sociales, un  paso hacia  lo nuevo, buscando y vertiendo nuevas rutas culturales y buscando la autenticidad propia. En este escenario  los partidos de izquierda están ahogados en una conciliación espacio-temporal, para  bajar al remanso de trasnochos mal vividos y sosteniéndose bajo la presencia  y coqueteos de amores políticos. Una izquierda raída, que no tiene la capacidad de ahondar contra el conformismo, todo lo contrario lo retiene desde  su incapacidad, no decanta una verdadera política pública a los intereses de lo popular. Concilian con una vida burgués y cómoda públicamente, solo excepciones logran salir, pero en un  marco abierto no trascienden a  la esfera de lo político hacia una ruta de lo público. Inmersos en un protagonismo extendido por la historia y al lado, bajo una interlocución  con un heredado servilismo político de la clase dominante  enclaustrado con los fines ruines  del capitalismo.
Es necesario decir, ante esto -el actual parlamentarismo de izquierda, no tiene un acervo crítico en materia de política pública, tema que  se encuentra inmerso todo un pueblo por la lucha de la sobrevivencia, en los tentáculos de la privatización  que hace el gran capital. La repetición de un tiempo, la votación como  condición aritmética,  no es  proponer. Sin duda, están más preocupado por las logias exponenciales de cortes aritméticos, de resultados que por el sentido del  que-hacer político.
Existen enorme dificultades para trascender la realidad, hacia los   planteamientos a modificar el orden  de las cosas existentes. Ante ello, actualmente, el gran desafío está bajo el hilo de una memoria colectiva y política, seguramente con contradicciones  y giros políticos internos, es generar nuevas rutas culturales y de gran significado de identidad política. Allí, los colectivos están de cara hacia la barbarie capitalista, contra la sombra perpetrada por una clase dominante que explota, somete y elimina bajo una seudo-democracia, limitada y atrapada en sus propios intereses. Sin duda, el  siglo XXI, no es  una adaptación  hacia las viejas  explotaciones  de la tierra o a la repetición de represiones llevadas por ese mal, situado en  un hilo histórico abrumador del capitalismo. Es el tiempo, en la continuación de nuevas rutas, de rebelión en el escenario por la defensa de los territorios, el medioambiente, la defensa de la explotación de los suelos, los nuevos cauces de identidad y la cultura bajo otras expresiones.  La diferencia de un lugar, la aceptación de otros diferentes, en la lucha social imprimen la ruta del poder político. Es la alternativa que no está esencialmente en una representación parlamentaria, tibia, gaseosa, sino que yace en la capacidad de los sujetos políticos,  por un mundo menos acechante y hacia un fin más revolucionario que permita una democracia más concebible y posible. El  desafío de la lucha social,  se extiende  en la rebelión insustituible,  desde adentro ante el cíclope histórico que obnubila, ante la barbarie del tiempo, en el  destino de unos  y el  reto de otros- como escribiría Homero en su canto IX-
Los cíclopes  no tratan de juntas ni saben de normas de justicia, las cumbres habitan de excelsas montañas, de sus cuevas haciendo mansión; cada cual da la ley a su esposa y sus hijos sin más y no piensa en los otros.
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[1] (Homero, 1993)

VÍDEO: El glifosato: potente arma química del poder transnacional

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Un crimen contra la humanidad, especialmente  contra  mujeres y niños.
Por Rubén Zamora
Publicado el 06 de febrero, 2014
Tomado de PazFarc

No serán casualidades que el Agente Naranja y el Glifosato coincidan en dos guerras dirigidas por Estados Unidos, y ambos procedan de la industria de la multinacional Monsanto. El Agente Naranja, fue empleado durante la guerra de Vietnam como arma de guerra y el Glifosato se emplea en Colombia con el mismo fin.
La inhumanidad de la guerra de Vietnam provocó escándalo mundial y logró un gran movimiento de solidaridad que exigió el fin de la ocupación norteamericana. Ahora pareciera que el tiempo de los movimientos sociales contra la guerra se detuvo, y en consecuencia, no se ven similares gestos de solidaridad en el caso de Colombia.
Silvia Parra escribió en la revista Semana una columna titulada "Los hijos del Agente Naranja". Su memoria recorre los vestigios de la guerra del Vietnam hasta tropezar con  los vietnamitas que a gritos claman justicia a los actos inhumanos de los estadounidenses. Y se pregunta ¿Que terminó la guerra de Vietnam?  y añade: "No para miles de niños que aún hoy, después de 40 años, siguen cargando la cruz de una guerra que como todas, sólo trae miserias y desolación".
Con toda razón la articulista afirma: "este veneno es el hijo diabólico, fruto de la unión del Departamento de Defensa de EE. UU., con la corporación Monsanto y Dow Chemical, dos empresas químicas estadounidenses  que se han beneficiado del sufrimiento de millones de personas y de atentar contra la naturaleza, los agricultores y los consumidores". Le añadiría, son las mismas beneficiadas con las aspersiones de glifosato en Colombia, además construyen un emporio financiero lavando activos del narcotráfico.
Aquí nos aproximamos al triste drama vietnamita donde derramaron un promedio de 80 millones de litros del Agente Naranja y en 10 años envenenaron tres millones de hectáreas, a 30 mil pueblos y victimizaron a dos millones de personas. Se dice que en Vietnam muchos murieron a los pocos años de nacer afectados de leucemia o de otros tipos de cáncer.[1]  Según laCruz Roja de Vietnam, por lo menos 1 millón de personas son discapacitadas o tienen problemas de salud debido al Agente Naranja.[2].
En Colombia, en 20 años van 1, 5 millones de hectáreas fumigadas con Glifosato en altas concentraciones. "El glifosato formulado es el que provoca las primeras etapas de la cancerización", dijo a El Universo Robert Bellé, científico francés que dirigió una investigación sobre el Roundup, y  afirmó que la aspersión aérea de este químico es "una locura".[3].
Muchos estudios han demostrado que uno de los efectos que deja en los humanos el glifosato, es que entre los afectados con daños permanentes un 5% generará problemas de cáncer, 3% engendrará hijos con malformaciones y otro 2% tendrá problemas de fertilidad.[4] Por tal razón, quienes nos pronunciamos contra este crimen lo hacemos con argumentos científicos.
Ahora que se van a retomar las aspersiones aéreas, el próximo 15 de febrero, se oyen voces de intelectuales y académicos, pocas a nuestro parecer, en solidaridad con las víctimas de las descargas químicas, que además destruirán cultivos, alimentos, animales y sus territorios. Precisamente, uno de los casos que tendrá a cargo la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad Histórica del Conflicto -si el gobierno llegara a aceptar la propuesta formulada por las FARC-EP-, serán las víctimas del glifosato.
Alfredo Molano Bravo,  nos dice que: "Los aviones con sus alas llenas de Roundup —herbicida producido por la criminal Monsanto— y con las barrigas blindadas para evitar que con todo y avioneta los pilotos gringos se destripen contra el suelo, volverán a levantar vuelo en Cauca, Putumayo, Norte de Santander, Antioquia, Chocó, Caquetá, Meta, Nariño y Guaviare".
Suspendieron las fumigaciones mientras blindaban los aviones contra el fuego guerrillero, protegerlos si les importa, en cambio, les es indiferente si la población enferma de cáncer, si en los úteros de campesinas e indígenas se producen malformaciones congénitas y si los niños van a seguir naciendo con deformaciones genéticas, como viene ocurriendo. La única esperanza para los afectados sería una poderosa movilización nacional e internacional y, por desgracia, falta conciencia de la gravedad de esta guerra química.
Y claro que es una locura, como lo afirma el científico francés Robert Bellé. Un crimen contra la humanidad a cuenta de monumentales ganancias de multinacionales como Monsanto, de empresas transnacionales y de los intereses de Estados Unidos.
Ante tal amenaza se hace urgente impulsar una campaña nacional e internacional en solidaridad con las víctimas del Glifosato. Y desde luego, al menos un juicio ético y político al gobierno de Colombia, a Monsanto y al gobierno de los Estados Unidos.


Entrevista a Jesus Santrich, el guerrillero melómano...

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Jesús Santrich, vocero de las FARC-EP en La Habana, cuenta como aprendió a vivir en la oscuridad. Entrevista entre saxo, pinturas y vídeo.

Entrevista realizada el 07 de Julio de 2013.
Escrito por Jorge Enrique Botero para www.las2orillas.co

¿Cómo fue que usted se quedó ciego?


Eso fue como cuando cae la tarde: lentamente. Como en el ocaso, que las cosas se van alejando entre la penumbra. A los 14 años yo no veía muy bien y tuve que usar lentes, pero cuando ya estaba en la universidad se me fue cerrando el campo visual en los dos ojos. Hasta que hace unos seis años el ojo derecho se me apagó totalmente. En ese momento traté de hacerme algún tratamiento, que siempre había aplazado pues mis responsabilidades en la guerrilla eran la prioridad. Aplacé muchos años un tratamiento y cuando tuve la posibilidad de hacerme chequeos, se detectó que tenía glaucoma; pero ese no era el peor problema: tengo un síndrome de origen genético que se llama síndrome de Leber, que afecta los nervios ópticos. Hoy tengo apagados casi totalmente los dos ojos. En el izquierdo tengo un punto de luz, pero no tengo imagen.



¿Y cómo es ser ciego en el mundo guerrillero? las selvas, las montañas…



No puedo decir que sea fácil, pero el ser humano tiene el reto de adaptarse a las circunstancias y pienso que de esta gran pérdida nacieron muchas cosas dentro de mí: se fue la vista y aparecieron otras posibilidades. No solamente se ve con los ojos, hay que tener sensibilidad, hay que observar con los ojos del alma. Hay que poner en acción todos los sentidos, que generalmente tenemos subutilizados.



Mientras iba perdiendo la vista, pensó alguna vez “hasta aquí llegué, me tocó retirarme”.



No, nunca. ¡Jamás! Y creo que esa idea no ha pasado por mi mente puesto que mi ceguera no se produjo abruptamente. En la medida en que esto ha sido como un día en el que van pasando las horas y se va metiendo la tarde hasta que llega la noche, yo fui adquiriendo ciertas habilidades. Además, los guerrilleros casi siempre caminamos de noche y sin linterna, así que ya había una cierta adaptación a la oscuridad. Pero lo más grande ha sido la solidaridad de los compañeros; yo siempre tengo a alguien que está al frente mío, llevándome, guiándome, en todo momento, en cualquier circunstancia. Todo ello ha resuelto las dificultades, así que jamás he pensado que esta limitación me hará abandonar una lucha tan grandiosa, con propósitos tan sublimes como el de lograr la justicia social para nuestro pueblo.



¿Cómo ve los diálogos?



(risas) Siempre he tenido claridad respecto al desarrollo del proceso. Nuestra búsqueda de la paz no es fruto de una casualidad o una coyuntura; no es porque la composición del Secretariado haya variado o porque estemos en una supuesta coyuntura militar adversa, como a veces se afirma. ¡No! Los diálogos y la búsqueda de la paz han sido un principio, un fundamento de las Farc. Creo que hoy tenemos elementos suficientes para abordar estas conversaciones. Y creo que en el gobierno hay actitud también, de lo contrario nosotros no hubiéramos venido a La Habana. Creemos en la palabra del presidente Santos, aunque vemos que falta más compromiso para impulsar el proceso. Más determinación en sacar adelante las transformaciones que habría que realizar. Pero ningún diálogo de este tipo es un camino de rosas, presenta dificultades. La grandeza está en tener la paciencia, la ecuanimidad para saltar los obstáculos. El gobierno tiene que ceder, nosotros tenemos que ceder. Más que pensar en las élites que representan  y más que pensar en nosotros, las dos partes tenemos que pensar en el pueblo: si pensamos todos en el pueblo colombiano, creo que llegaremos a un acuerdo. La prueba de ello es el avance que hemos logrado en los primeros 10 ciclos de conversaciones.



¿Cuál es el principal avance de estos casi 10 meses de diálogos?



Que a los campesinos se les formalizará la tierra que poseen. Si tomamos en cuenta que algo más del 50% de los campesinos tienen su tierra en situación de informalidad, este es un compromiso muy importante.



Desde los sentidos agudos que ha desarrollado, ¿logra percibir diferencias de actitud o de ánimo entre la delegación del gobierno?



La verdad es que el oído se afina mucho, por necesidad aunque también por placer: a mí me gusta mucho escuchar música, oír los sonidos del bosque, la diferencia del canto de los pájaros, el ruido de la quebrada. Uno aprende a percibir sutilezas y en la entonación, en la vehemencia, en la dicción hay muchos mensajes que yo logro percibir. Cuando uno u otro delegado del gobierno habla del mismo tema, alcanzo a detectar diferencias. Pero, no le voy a negar, yo me ayudo siempre de Alexandra (la holandesa), quien constantemente me está describiendo los gestos, las formas en que se mueven las manos; cuando salen las gotas de sudor, cuando hay expresiones gestuales muy notorias… y eso ayuda mucho.



¿Cuál de los sentidos debe aguzar más el gobierno para sacar adelante estos diálogos?



Debe aguzarlos todos, pero especialmente debe abrir los brazos del alma para sentir los sufrimientos que padecen las mayorías de los colombianos. Un país con tantas riquezas no puede permitirse que 30 millones de sus ciudadanos estén en la pobreza y que de esos treinta millones, alrededor  de 10 millones vivan en situación de indigencia.



Volviendo a su vida personal: músico, poeta, escultor, pintor. ¿De donde viene toda esa vena artística?



Mi madre canta. Perteneció a una coral cuando estudiaba en su tierra natal, en el departamento de Nariño. También pinta. Varios de mis tíos tocan instrumentos musicales. Así que ése ambiente, donde siempre hubo literatura, música y pintura, ayudó mucho a nuestra formación. Mi hermano mayor, que fue asesinado, era músico y pintor. Creo que si no estuviéramos en guerra, seríamos pintores o cantantes; o estaríamos declamando, que es más bonito que estar disparando



¿Con cuál de las artes se siente más a gusto?



Con la pintura, que es con la que tengo más limitaciones. Pero he inventado un método para poder sacar las ideas que nacen del corazón (ver video).



¿Un escritor?



Joyce.



¿Un pieza musical por excelencia?



La Novena Sinfonía de Beethoven.



¿Un pintor?



Rembrandt.



¿Algún poeta?



Quiero mucho la poesía de Jorge Artel. Tengo un sentimiento especial por este poeta cartagenero nacido a comienzos del siglo XX. Pero también me estremece un poema de Lenin que se llama Año de Huracanes, y dice: Fue un año de huracanes/el país quedó cubierto de nubes que descargaban truenos y granizos sobre las aldeas/ los truenos abrían profundas heridas en los campos/ y las tinieblas nocturnas/ desiertas de estrellas/ se iluminaban con el fulgor de los incendios…



¿Llegará la luz de la paz?



La luz de la paz está en el corazón de cada uno de los colombianos, lo que pasa es que está un poco opaca; hay que encenderla con la fuerza de la voluntad y de la esperanza. Hay que ponerle fe a este proceso y la mejor manera de atizar el fuego de la paz es que se permita la participación ciudadana. Que no le pongamos líneas rojas a la decisión popular, que es la que más luz puede darle a esta oscura noche de la guerra.

Entrevista "Santrich hablemos de drogas"

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- Por: Jorge Enrique Botero | febrero 12, 2014/

El líder guerrillero destapa las cartas del tema del narcotráfico que ha resultado uno de los más enredados en los díalogos de La Habana.


Jorge Enrique Botero: ¿Usted ha metido algo?
Jesús Santrich: Cómo así, no le entiendo…
JEB: Alguna droga…
JS: ¡Ah, no! Jamás.
Jesús Santrich, integrante de la delegación de paz de las Farc no disimula su sorpresa por el inicio de esta entrevista y se reacomoda en su silla. Hace un par de horas él ha estado en la mesa de diálogos discutiendo el tema denominado “Solución al problema de las drogas ilícitas”, tercero en la agenda delAcuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera,suscrito por el gobierno y las Farc en septiembre de 2012.
Pese a que la mayoría de analistas vaticinaron que este tema sería evacuado con mayor fluidez que los dos anteriores (Desarrollo Agrario Integral y Participación Política), ya han pasado más de dos meses desde que se inició su discusión y todavía no ha salido humo blanco desde el Palacio de las Convenciones de La Habana, la inmensa mole de concreto donde se reúnen las delegaciones de ambas partes.
Y aunque fuentes de la delegación gubernamental le dijeron a las2orillas que aspiran a que este punto de la agenda esté terminado antes de las elecciones de marzo, no es del todo seguro que ello suceda, no solo por la complejidad del fenómeno (sin duda el que más ha afectado a Colombia en las últimas cuatro décadas), sino por la muy distinta interpretación que hacen las partes sobre el problema y sus posibles soluciones.
Pero oigamos lo que dice Santrich sobre drogas, después de admitir que ni siquiera se ha fumado unbareto.
JS: A veces me tomo mis tragos y me fumo uno que otro tabaco (pero puro)
JEB: ¿Y por qué nunca metió nada?
JS: Porque mi entorno familiar, que es muy cohesionado, siempre ha sido muy estricto en este asunto de los vicios. Pienso que eso me blindó, pues desde que mis hermanos y yo éramos niños; padres y tíos nos hablaron de manera directa sobre las dificultades que el consumo de drogas traía, los problemas de salud y las fracturas familiares que se generaban cuando alguien caía en el uso de sustancias psicotrópicas.
JEB: ¿Hay adictos a alguna droga en las filas de las Farc?
JS: No, nosotros no tenemos ese problema. He conocido algunos casos de personas que han llegado a las Farc provenientes de la ciudad y que previamente han sido consumidoras de marihuana y que ya en filas han tenido un espacio de recuperación. Nosotros tenemos un reglamento muy rígido al respecto que prohíbe el consumo de cualquier tipo de sustancias.
JEB: Lo cual contrasta con lo que ocurre en las filas de sus adversarios…
JS: Bueno, yo no tengo un manejo a profundidad del tema y mal haría en hacer acusaciones. Pero sí le puedo decir que muchas veces, después de los combates con el ejército, encontramos en los morrales de los soldados varios tipos de drogas ilícitas, especialmente marihuana. Sin duda, ello es fruto de la manera en que estos muchachos son lanzados a un combate cuyas causas y consecuencias casi siempre desconocen. Tal vez es su forma de escapar a la terrible dinámica de la guerra.
JEB: Y cómo tratan ustedes el tema en sus zonas de influencia, ¿cuál es su política frente a los consumidores de la población civil?
JS: Nosotros concebimos este asunto como un problema de tipo social, al que debe dársele un tratamiento de tipo social. Pero debo aclararle que en las zonas rurales el fenómeno del consumo es poco común. Hay casos excepcionales que tratamos de resolver a través de las familias o de las comunidades.
JEB: Me dicen que usted es una especie de experto en este tema. ¿Por qué le ha interesado tanto?
JS: Bueno, este es un problema de orden internacional, que impacta sobre la salud física y psicológica de millones de personas, especialmente de los jóvenes e incluso de los niños. Es un grave problema social que cruza prácticamente a todos los países del planeta y que hoy tiene alto impacto también en Colombia. Antes se decía que nuestro país era netamente productor y exportador, pero hoy en día el consumo ha aumentado hasta convertirse en un problema interno de salud pública. Y si nosotros somos revolucionarios y estamos luchando por un cambio social, debemos hacer aportes para que ese problema se resuelva.
Secretariado en pleno de las Farc | Foto El Tiempo
Secretariado en pleno de las Farc | Foto El Tiempo
JEB: Lo que usted me dice contrasta bastante con la opinión del gobierno y de muchos expertos que aseguran que ustedes son un gran cartel de narcotráfico…
JS: Las Farc no apoyan ni estimulan la siembra de cultivos de coca, ni de marihuana ni de amapola. Y entendemos que el problema no son los cultivos como tal, las plantas en su condición natural, sino el uso que se les da. También entendemos que cuando la gente cultiva este tipo de plantas para uso ilícito, lo hace porque se ha visto obligada debido a las políticas neoliberales que han generado miseria y hasta indigencia en muchas zonas agrarias del país. Por eso decimos que hay que resolver las causas que empujan a las poblaciones rurales a engancharse en este tipo de economía.
JEB: En asuntos de narcotráfico, ¿quién está libre de culpa en Colombia?
JS: Hay más víctimas que culpables. Las personas a las que más estigmatizan, que más persiguen aplicándoles medidas punitivas, son las menos responsables del fenómeno. Me estoy refiriendo a los indígenas, a los campesinos, a las poblaciones afro, comunidades interculturales que se han visto obligadas a engancharse en el fenómeno. Pero ellos no son responsables sino víctimas, como lo son los consumidores. Los verdaderos responsables son quienes se quedan con el grueso de las ganancias, favorecidos por las políticas prohibitivas y de interdicción, que se han aplicado en el marco de la llamada guerra contra las drogas trazada por Estados Unidos. Yo diría que en Colombia esos tres puntos del PIB que están cruzados por el narcotráfico y otras economías criminales benefician principalmente al capital financiero. Son los señores banqueros quienes más se lucran del negocio ilícito. Ahora, como decía hace un momento, este es un problema mundial. La ONU estima que entre tres y cinco puntos del PIB mundial se deriva del narcotráfico. De hecho, más del 50 por ciento de los bancos que se lucran del negocio tienen asiento en los Estados Unidos.
JEB: Entonces nadie puede lanzar la primera piedra en materia de drogas ilícitas…
JS: Todas las campañas presidenciales desde Turbay Ayala hasta hoy han estado financiadas, de una u otra manera, por el narcotráfico. Y ni hablar de los parlamentarios, alcaldes, concejales. Toda la estructura social y el aparato estatal colombiano están cruzados por el narcotráfico y de hecho nuestro tejido social ha sido impactado por este fenómeno. Si se estudia a fondo este problema, uno nota que no hay un interés real en resolverlo: en el fondo y en la superficie lo que se ve es la aplicación de las doctrinas contra insurgentes. Lo único que se busca es lograr un control territorial para sacar a las Farc de las zonas rurales donde se hace la resistencia para que penetren las transnacionales a poner en marcha sus proyectos macroeconómicos.
JEB: ¿A qué horas terminaron las Farc etiquetadas como narcotraficantes?
JS: Desde finales de los 80, cuando la lucha contra el fantasma comunista perdió average, la tomaron con el tema de narcotráfico y se acuñó el concepto de narco guerrilla. Se trata de una política de propaganda sucia que no se construyó de una día para otro sino que se fue cuajando durante años por parte de los mismos que durante todo este tiempo se han lucrado del narcotráfico
JEB: ¿Hay doble moral en el tratamiento de este tema?
JS: ¡Indudablemente! porque el gobierno conoce los diagnósticos, los balances y resultados de las políticas prohibicionistas y de interdicción. Los conoce y sabe que son negativos. Los mismos Estados Unidos reconocen que después de las inversiones millonarias y las consecuencias sociales y ambientales de las políticas punitivas, la oferta de drogas ilícitas se mantiene incólume. Es posible que las hectáreas cultivadas hayan disminuido, pero la productividad se incrementa. También hay doble moral cuando más de un editorialista o un columnista de opinión no puede escribir más de una letra si no están bajo el efecto de la marihuana o la cocaína.
Por eso nuestra propuesta no es la erradicación de los cultivos de uso ilícito sino la sustitución de estos por proyectos de producción alimentaria, proyectos alternativos en los que las comunidades puedan tener una opción de vida digna. Y también hablamos de legalización de las drogas, pues creemos que eso impactará negativamente el mercado.
Insistimos: si de verdad se quiere acabar con el narcotráfico, hay que golpearlo en el eslabón más fuerte: el sector financiero y los poderosos imperios transnacionales que lavan los dineros derivados del tráfico de drogas.
JEB: Durante un acto en La Macarena, en el año 2001, varios periodistas fuimos testigos de la vaciada que les pegó el Mono Jojoy a unos 10 mil campesinos por cultivar coca en vez de mantener la siembra de sus cultivos tradicionales…
amapola
JS: Esa ha sido política de las Farc. Por ejemplo, en el caso de la Sierra Nevada de Santa Marta, los cultivos de marihuana se acabaron porque la guerrilla emprendió desde los años 80 una política de ir casa a casa, rancho a rancho, familia a familia, invitando a la gente a dejar esos cultivos. Igual sucedió con la amapola en la Serranía del Perijá. Le decíamos al campesino: bueno, si usted tiene una hectárea, siembre mitad en comida y mitad en lo otro, pero de aquí a un año aumenta el espacio de la comida y así sucesivamente, hasta que se acabó la amapola en las áreas donde operábamos. Ahora, le repito que ese no es problema de que las comunidades quieran cultivar una cosa u otra: es un problema real, de necesidad, en zonas donde usted no puede sacar una carga de plátano o de tomate, porque cuando llega al mercado más próximo lo que lleva ya es una salsa de tomate podrida.
JEB: También recuerdo la audiencia pública internacional que hubo durante los diálogos de paz del Caguán, donde Manuel Marulanda propuso hacer de Cartagena del Chaira un laboratorio de sustitución de cultivos de uso ilícito ¿Esa propuesta es viable hoy?
JS: Todos estos lustros en que nos han estigmatizado como narcos, nosotros nos hemos pasado haciendo propuestas alternativas de solución. Lo hicimos durante nuestra VIII Conferencia, lo hicimos en varios plenos y durante los diálogos del Caguán propusimos una conferencia internacional para buscarle una solución al problema. Creemos que hoy está vigente esa propuesta. Las Farc estamos plenamente dispuestas a contribuir, pero partiendo de que los protagonistas principales de la solución deben ser las comunidades. Esa era la esencia del plan de Marulanda que hoy hemos retomado, pero ya no para un escenario como un plan piloto, sino un plan nacional, con visión estratégica, ligado a la reforma agraria integral y a la participación ciudadana. La gente tiene que participar en un proceso de este tipo.
JEB: Como así que ustedes están proponiendo que el Estado estimule cultivos de coca, marihuana y amapola que, según las Farc, deben incorporarse a la economía agraria como generadores de empleo
JS: Lo central de la propuesta es la sustitución. Pero en otro plano, marginal, nosotros creemos que el Estado debe regularizar estos cultivos, tanto para los usos culturales ancestrales, como para usos industriales y medicinales. Esto, repito, es marginal pues en Colombia no es que haya una cultura tan arraigada de la coca, como la hay en Bolivia o en Perú.
JEB: ¿En cuánto se disminuiría la producción y exportación de cocaína si estas propuestas llegaran a aplicarse?
JS: Desafortunadamente, al resolver el problema de los arbustos a través de la sustitución, la reducción de la exportación de cocaína sería ínfima. Quienes manejan este negocio, personas con mucho poder, no necesitan que haya matas de coca en Colombia. En los 80 la pasta de coca llegaba a nuestro país y aquí se procesaba y se exportaba la cocaína. Eso está ocurriendo de nuevo y también sucede que la productividad de los cultivos se ha multiplicado, así que –a riesgo de aparecer como un aguafiestas- me temo que la reducción de las áreas cultivadas, por si sola, no va a afectar la producción y exportación de cocaína. Por eso, todo el esfuerzo se debe poner en atacar los eslabones fuertes de esta cadena que están en el sector financiero. Todos los estudios y diagnósticos dicen que ése es el eslabón más fácil de atacar, pero para ello se necesita voluntad política. La otra manera de lograr una reducción considerable de la exportación es atacando la enorme red de corrupción que permite la salida de toneladas de cocaína desde aeropuertos, puertos y fronteras de Colombia. El Estado colombiano está necrosado, es un Estado gangsteril y mafioso porque la dirigencia que lo conduce está tocada hasta los tuétanos por el narcotráfico.
JEB: ¿Usted cree que a los Estados Unidos les interesa que, por sustracción de materia, se acabe la llamada guerra contra las drogas que declaró Reagan hace más de 30 años?
JS: En el caso de Colombia, esta guerra contra las drogas no es más que una excusa para intervenir en nuestro país y tener el control territorial y el control de los recursos naturales. En eso consistió el Plan Colombia, que era en su esencia un plan contra insurgente. Creo Estados Unidos debería tener una participación directa en este debate, planteando soluciones reales que deriven de una voluntad de solucionar el problema. No creo que una sociedad como la norteamericana viva tranquila teniendo el más alto nivel de adictos del mundo.
JEB: Cuántos hervores le faltan a este punto de la agenda…¿cree que estará cocinado para la época de las elecciones parlamentarias?
JS: Bueno nosotros hacemos todo lo posible. Trabajamos de día, de noche, en la madrugada. Generalmente los descansos los utilizamos para trabajar y estamos haciendo lo posible para que esto no demore tanto. Ojalá podamos tener, como en los otros puntos, un resultado pronto. Pero aquí hay asuntos de grueso calibre y si ponemos el dedo en la llaga del narcotráfico, se van a tocar intereses muy poderosos de criminales de cuello blanco. Esperamos que el Estado tenga la valentía de afrontar el problema en su conjunto, porque no se trata solamente de que se capture un capo allí y otro allá: los capos no son más que instrumentos de los cacaos del sector financiero.

Lo que no dice el artículo del Washington Post sobre la intervención extranjera en la guerra en Colombia (I)

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Antonio Caballero, decía en 1998 que “en el fondo nuestra guerra es muy sencilla: es el fruto del imperialismo y de la lucha de clases. Dos cosas que, según las clases dirigentes colombianas, no existen. Así que seguiremos en guerra” [1] . Nunca esta aseveración fue más cierta, ahora que se levanta la polvareda por las “revelaciones” del Washington Post [2], que no dicen sino lo que muchos sabemos: que en buena medida esta oligarquía parásita, cleptómana, corrupta y mafiosa, se mantiene en el poder gracias a la intervención activa de los Estados Unidos en los asuntos colombianos.

Me costó entender por qué este artículo en particular causó tanto revuelo, si dice cosas que venimos diciendo desde hace mucho tiempo sobre la intervención norteamericana en el conflicto. El artículo apenas revela la existencia de “fondos negros”, cuyos montos no se dan a conocer, pero que serían muy superiores a las cifras oficiales de asistencia militar contenidas en el Plan Colombia (U$9.000.000.000). La existencia de asistencia militar, sobretodo en inteligencia y tecnología de punta, así como la presencia extendida de “asesores”, “contratistas” y mercenarios de la CIA y la NSA no es nada novedoso, salvo que, por primera vez, reconocen con meridiana claridad el carácter central que tienen para la estrategia militar “colombiana”. La sorpresa, en gran medida, se explica por la mediocridad de la prensa colombiana que se dedica exclusivamente, a repetir como guacamayas lo que vociferan mandos militares y el relamido ministro Pinzón respecto al conflicto. La prensa investigativa está muerta (literalmente) en Colombia y hay que enterarse de estas cosas a través de la prensa internacional. Un hecho vergonzoso, pero que es parte de la estrategia integral contrainsurgente del Estado para mantener a la opinión pública en la ignorancia de la realidad del conflicto y alimentarla con propaganda ridícula y exagerada.

El artículo del Washington Post no me pareció, salvo uno que otro dato, ni tan revelador, ni bien investigado: está escrito con sesgos importantes, con no poca dosis de propaganda, carente de profundidad histórica o analítica y con una comprensión muy superficial tanto de la dinámica como de la realidad del conflicto social y armado colombiano. Pero esta última crítica la haré específicamente en un futuro artículo. Por ahora me interesa mucho más lo que no se dice en este artículo que lo que se dice. Sobre todo en base a la posición de la oligarquía colombiana en el “nuevo orden mundial” y la intervención imperialista en el país, que va mucho más allá de lo que la autora del artículo, Dana Priest, está dispuesta a reconocer. En base a ello, podemos establecer algunos elementos para el análisis de la realidad política que creo son claves para el actual momento.

· Que la voz cantante en la política colombiana son los EEUU. Esto es así desde el inicio mismo del actual conflicto. No tiene sentido negociar la paz sólo con una oligarquía títere porque este no es un conflicto entre “colombianos”; una de las partes está claramente subordinada. “Es imposible no advertir la centralidad absoluta de Estados Unidos en la definición de las líneas políticas que adoptó la élite del poder en Colombia” dice el investigador Marco Palacios, “del anti-comunismo de la Guerra Fría a la ‘guerra a las drogas’ y a la ‘guerra global al terrorismo’, Washington le provee los argumentos y la agenda” [3] . La presencia de algún funcionario estadounidense en la mesa de negociaciones de La Habana debería ser una prioridad, para así negociar realmente con el amo y no solamente con su perro.

· Que aunque sean la potencia dominante, no sólo los EEUU han metido mano del conflicto colombiano. Varios otros países (la Unión Europea, Israel, China, países sudamericanos) han metido mano del conflicto colombiano según lo dicten sus particulares intereses geoestratégicos y, principalmente, económicos, siempre en línea con los dictados elementales de las doctrinas de Washington.

· La participación de intereses foráneos y el vínculo íntimo entre inversiones y conflicto, demuestran la naturaleza de clase del conflicto colombiano , siendo ésta una guerra de despojo: contra el bolsillo de los trabajadores, contra los medios de subsistencia de los campesinos, contra los recursos naturales de todo el pueblo. Si Carl von Clausewitz decía que la guerra era la continuación de la política por otros medios, en el caso colombiano también es la continuación de la acumulación de capital por otros medios.

· Que la estrategia contrainsurgente no ha sido sólo militar, sino integral ; incluyendo elementos propios de la guerra sucia (paramilitarismo y terrorismo estatal), represión policial a la disidencia, aspectos cívico-militares mediante la “cooperación internacional”, cooptación de movimientos y discursos, inversión para consolidar el despojo, desinformación y una campaña ideológica sin precedentes. Esto con el fin de desarticular cualquier forma de resistencia a la imposición de un modelo económico-social en beneficio primordial del orden global diseñado en Washington y de una ínfima oligarquía que comparte los despojos.
Son estos elementos los que procederemos a estudiar en un poco más de detalle a continuación.

Haciendo memoria: una relación abusiva pero duradera

El artículo en cuestión revela, sin proponérselo, que la relación de los EEUU hacia Colombia, descrita tanto por la servil oligarquía criolla como por sus amos imperialistas como amistosa cooperación entre socios, es algo muy diferente en realidad. El carácter de esta relación queda claro en el incidente que describe este artículo cuando el campamento de Raúl Reyes ha sido localizado por la inteligencia norteamericana: le pasan el dato a las fuerzas armadas colombianas y les dicen “sólo no la caguen” (“just don’t fuck it up”). Así, literalmente; tal cual se escucha. Esa no es la relación de dos socios iguales, sino el trato que se da a un chiquillo bobalicón, torpe, tonto. Una relación asimétrica cruzada por un talante avasallador de corte claramente colonial, como reconoce el mismo Alfredo Rangel, ideólogo uribista “pura cepa”: “Es cierto que Colombia en ocasiones ha padecido un trato indigno por parte de funcionarios y congresistas de Estados Unidos durante las negociaciones y la ejecución del Plan Colombia”. Pese a ello, recomienda que “ aunque suene paradójico, debemos tener claro que la forma más eficiente de garantizar nuestra soberanía nacional, es mantenernos como fuerte aliado bajo la sombrilla protectora de los Estados Unidos. Y para esto es necesario mantener Plan Colombia (sic)” [4] . Recordemos que no existe ninguna amenaza externa sobre Colombia (salvo la representada por EEUU), así que las invocaciones a la “Soberanía Nacional” deben ser entendidas como un eufemismo para referirse a los estrechos intereses de la oligarquía que maneja al país como si fuera su finca.
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