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Terror contra la Marcha Patriótica en Colombia: ¡asesinado miembro del Partido Comunista!

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- COLOMBIA - Carlos Lozano, director del semanario Voz cuyo escolta fue asesinado anoche,
viernes 27 de abril en Bogota. - ¿Es la respuesta del estado terrorista por
la fundación de la Marcha Patriótica?-




¡En Bogotá, asesinado escolta del Partido Comunista! Comienza el terror contra los integrantes de la MarchaPatriótica - por Dick Emanuelsson
Mao Enrique Rodríguez, integrante del equipo de la seguridad del Partido Comunista Colombiano PCC, adscrito a la Unidad Nacional de Protección a cargo del Ministerio del Interior, fue asesinado en horas de la noche del viernes 27 de abril en la ciudad Bogotá.

Primeras víctimas del exterminio anunciado por las fuerzas paraestatales: Desaparición del dirigente campesino HERNÁN HENRY DÍAZ, miembro de Marcha Patriótica

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Las primeras víctimas del exterminio anunciado por las fuerzas paraestatales: Desaparición del dirigente campesino HERNÁN HENRY DÍAZ, miembro de Marcha PatrióticaPrimeras víctimas del exterminio anunciado por las fuerzas paraestatales: Desaparición del dirigente campesino HERNÁN HENRY DÍAZ, miembro de Marcha Patriótica

por Por VIDEO Rpasur y denuncia Marcha Patriótica



"Alertamos que en consecuencia de la campaña de estigmatización contra el Movimiento Político Marcha Patriótica, sus miembros podrían ser objeto de exterminio, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada, montajes judiciales y detenciones arbitrarias, entre otros crímenes de lesa humanidad."

Por VIDEO Rpasur y denuncia Marcha Patriótica

VIDEO Mientras Santos hace campaña de estigmatización contra Marcha Patriótica, es desaparicido un dirigente: http://www.youtube.com/watch?v=PBMG3Q0Bulc
El dirigente comunitario del Putumayo, vinculado a la Marcha Patriótica, desapareció el pasado 18 de abril en el Terminal de Transporte del municipio de Puerto Asís.

Secuestro carcelario, montajes judiciales, ‘cibercafés de la selva’ y persecución política allende las fronteras

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Parte III del Dossier: Colombia y sus miles de presos políticos silenciados *

“Suenan las preguntas, 
chasquidos en los tímpanos oficiales.
Se recuerdan los nombres hostigados,
los desmembrados insepultos,
ocultos bajo lodo impune.”
Angye Gaona, poeta perseguida política

“El estado colombiano en cabeza del presidente y sus socios industriales han saqueado todos los recursos del país; la región de Arauca es un objetivo para ellos y es la razón por la cual encarcelan a los líderes populares: nosotros lo llamamos secuestro estatal”.
Líder indígena Víctor Chivadaquia.


En la Parte III de este Dossier abordaremos el incremento del uso del aparato judicial como arma de guerra contra la población, incluyendo la persecución política allende las fronteras, el aumento de capturas masivas en zonas de alto interés económico, los montajes judiciales bajo los cuales son encarcelados los presos políticos, y la gravedad de lo que aparece como “secuestro carcelario”.


1. Contexto de continuidad de represión y exterminio

Amanece el 2012 en Colombia con la continuidad de una política represiva que mantiene a la población en la miseria y el terror, a la par que beneficia los intereses de grandes empresas y latifundios: La organización agraria de Sumapaz, nuevamente adolorida ante los crímenes atroces cometidos por las fuerzas militares en contra de la población civil, denuncia que el  martes 10 de enero de 2012, es torturado y asesinado por las tropas oficiales del ejercito nuestro compañero y familiar Víctor Manuel Hilarión Palacios (…) El cadáver con signos visibles de tortura muestra la capacidad criminal de los miembros de la fuerza pública, amparados por la nefasta política de esta institución con las ejecuciones extra judiciales mal llamadas “Falsos Positivos”. Era padre de una menor y protector de su madre, agricultor (…) ayer objeto de montajes y detenciones (…) hoy pretenden hacerlo ver como otro ‘caído en combate’ para entregarlo como trofeo macabro para las tropas que llenan de fuego, sangre y terror al país.” [1]

En los primeros días de enero es empujado a la muerte un preso en la cárcel del Pesebre por tortura de denegación de asistencia médica [2]; a mediados de enero denuncian que otro preso político y de guerra fallece en la cárcel: Franklin Morales muere en medio de la impunidad total para estas muertes[3]. Al momento de escribir este texto son varios los presos políticos en situación crítica; por nombrar sólo dos casos de presos políticos que están siendo empujados a la muerte por tortura de denegación de asistencia médica: Rolando Gradados Hernández quedebido a sus heridas se encuentra en un estado deplorable y tiene destruidas las piernas y los brazos. No puede caminar, ni comer solo, además sus necesidades deben ser realizadas en una bolsa; no está recibiendo la asistencia médica lo que pone en riesgo su vida. (…)”[4]; y Luis Alberto Jaimes García, abandonado en una celda sin agua, cuando padece cáncer colorrectal y presenta: vómito fecaloide, ausencia de deposiciones (…) su estado de salud se deteriora cada día; es notoria la pérdida de su masa muscular. Señalamos categóricamente que no está recibiendo el tratamiento adecuado para contener el cáncer, lo cual se suma a las indignas condiciones de reclusión. (...)El padecimiento que afronta no es un hecho aislado, por el contrario, constituye una práctica sistemática, que ha originado en varios casos la muerte” [5].

Despojo, empobrecimiento y muerte para beneficio multinacional; la voz disidente es eliminada

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Despojo, empobrecimiento y muerte para beneficio multinacional; la voz disidente es eliminada

Parte II del Dossier: Colombia y sus miles de presos políticos silenciados *


Es en el contexto de articulación entre el enriquecimiento de unos pocos y la represión contra las mayorías empobrecidas e indignadas ante el saqueo, que se inscribe la realidad descomunal los presos políticos en Colombia.

Las prácticas del terror como las violaciones, desapariciones forzadas y masacres persiguen operar un quiebre en lo más profundo de cada ser, y anudarlo a la angustia. Se busca, mediante el terror y el castigo sistemático, quebrar la dignidad de un pueblo y su capacidad de indignación y reivindicación; colonizar y destruir ese espacio primigenio de la resistencia en cada individuo, enfermando a la sociedad en su conjunto: se busca la destrucción de la mentalidad solidaria, del sentimiento de empatía, de la rebeldía ante la injusticia. Los encarcelamientos masivos y el uso sistemático de la tortura en los centros penitenciarios, también cumplen una función en la guerra contra la capacidad de empatía y reivindicación.


La cantidad alarmante de presos políticos en Colombia es indisociable del contexto de despojo, empobrecimiento y represión correlativa que se ejerce contra el pueblo colombiano, para beneficio del gran capital. En esta segunda parte ahondaremos en el contexto de saqueo económico y la represión que lo sustenta, deteniéndonos particularmente en tres claves de la estrategia represiva alrededor de las cuales se articula el drama colombiano.

Los 9.500 presos políticos son parte de esos seres cuyo silenciamiento es la otra cara de las grandes cifras de negocios que logran las transnacionales en Colombia: son esa voz sindical enjaulada, ese periodista engrilletado, esa socióloga neutralizada, ese campesino castigado por articular procesos comunitarios de reivindicación agraria, esa ambientalista amordazada por luchar por los humedales y ríos contra la voracidad de multinacionales de la energía o de la mega minería, ese médico judicializado por negarse a que la salud sea una mercancía, ese artista castigado por su arte con pensamiento crítico y compromiso social, etc. La mayoría de los presos políticos en Colombia son civiles encarcelados bajo montajes judiciales para callar la reivindicación social, y callar al pensamiento crítico [1]Lo que busca el estado, funcional al gran capital, es desarticular la organización social, hacer desaparecer el tejido socio-político que pugna por un cambio en la situación de expolio y desigualdad social.

Colombia es el tercer país más desigual del mundo, justo tras Haití. Es uno de los países más ricos del mundo, y sin embargo su población es gravemente empobrecida por el saqueo: El 68% de la población de Colombia vive en la pobreza e indigencia. Hay 8 millones de indigentes y 20 millones de pobres [2]. Correlativamente a esta miseria, el hombre más enriquecido de Colombia, el banquero Sarmiento Angulo, controla el 42% del crédito nacional y ocupa el puesto 75 de las personas más ricas del mundo. En el último año Sarmiento dobló su fortuna, al pasar de US$5.600 millones a US$10.500 millones [3]. La riqueza de un puñado crece a la par del empobrecimiento de las mayorías. Las multinacionales incrementan su fortuna mientras el pueblo sufre despojo, desplazamiento forzado, carencias de los básicos derechos humanos económicos y sociales: “Teóricamente Colombia se queda con el 4% (de lo explotado por la minería multinacional); sin embargo ni siquiera es el 4% porque los impuestos que los colombianos pagan son usados para la exenciones tributarias: es decir, los colombianos en su totalidad financian a estas grandes empresas extranjeras para que se lleven el 99% de nuestros recursos.” Expresa un ecologista colombiano. [4]

La presa política y de guerra, Marinelly Hernández, en la narración de sus vivencias, expresa esta correlación entre el saqueo de los recursos y las masacres perpetradas por el Ejército y la herramienta paramilitar contra la población de las zonas codiciadas por el gran capital: “El Capitán Martínez con sus tropas ingresaron a unas minas de oro donde se encontraban los campesinos sacando el mineral: un día antes, lanzaron panfletos diciéndoles que desalojaran, y al otro día entraron con motosierras y hachas, amarraron a los trabajadores en cadena y delante de ellos iban soltando de uno en uno, sin asesinarlos, les quitaban los brazos, las piernas y luego de cada persona recogían un solo brazo, una sola pierna, hacían un montón y lo tiraban al río y otros a los huecos de las minas y otros los dejaban para que las aves se los comieran” [5], se refiere a la masacre del Río Nare. 

Paul Martin, de UNICEF, expuso de qué manera el cerebro de un niño se ve atrofiado por la desnutrición y la gravedad de la situación de la infancia en Colombia: “12% de los niños de Colombia padecen desnutrición crónica. Van a sufrir física y mentalmente: nunca este 12% va a tener la oportunidad de contribuir con el 100% de su capacidad humana (…) El 90% de la capacidad del ser humano se desarrolla en sus primeros 3 años; los niños desnutridos antes de esa edad nunca serán capaces de recuperar esta parte de su capacidad. En una radiografía del cerebro de un niño bien nutrido se puede ver que el cerebro es muy denso, con muchas interconexiones; y junto a él, el cerebro de un niño con desnutrición severa se ve delgado, con agujeros: esto es el daño físico causado por la desnutrición” [6]. Las grandes fortunas incrementan su capital gracias al despojo de millones de campesinos de sus tierras, gracias a la privatización de la salud, de la educación y demás servicios; gracias al pago de salarios de miseria; al establecimiento de zonas francas, gracias a la utilización del erario público para la financiación de la banca, gracias a la destrucción del medio ambiente. Más del 40% del territorio de Colombia está pedido en concesión por multinacionales mineras: de sus 114 millones de hectáreas, cerca de 45 millones están solicitadas [7]. Colombia tiene más de 5,2 millones de personas desplazadas: es el país del mundo con mayor número de desplazados, junto con Sudán [8]. Los desplazamientos masivos de poblaciones obedecen a una razón: vaciar de habitantes y de reivindicaciones las tierras codiciadas por las multinacionales (mineras, energéticas, del agro industrial, etc.). En este contexto de saqueo y empobrecimiento el Terrorismo de Estado juega un rol clave: garantiza la continuidad del saqueo eliminando opositores. Reseñaré en este texto tres elementos que plasman la realidad colombiana de persecución política inherente al saqueo de los recursos, en la cual se inscriben los encarcelamientos políticos.

1. Desplazamiento forzado es planificado

El desplazamiento forzado de poblaciones en Colombia es provocado por masacres dirigidas intencionalmente contra la población civil, y no tanto por “la bala perdida” como quiere hacerlo creer la falsimedia que busca diluir la realidad en un magma confuso para eliminar las responsabilidades concretas del latifundio y del poder multinacional. Hay una planificación del desplazamiento poblacional, no es algo aleatorio: las zonas vaciadas de población coinciden con las zonas de alto interés económico y con las zonas en las que previamente hubo un tejido social organizado y fuerte. Además del despojo, el desplazamiento forzado tiene la función de eliminar reivindicaciones sociales, y juega un rol clave en la guerra sucia que libra el estado colombiano y el gran capital contra el “enemigo interno”: siendo conceptualizada como “enemigo interno” la población. Se trata de “quitarle el agua al pez”, en el entendido que el agua es la población civil y la insurgencia es el pez. Se aplica la estrategia de “tierra arrasada” implementada por los estadounidenses en Vietnam: arrasando poblados enteros para impedir el apoyo popular al Vietcong. La misma estrategia fue aplicada en El Salvador y Guatemala. Bajo el rótulo del “fuego cruzado” y “la bala perdida” los mass media y la USAID pretenden disfrazar la realidad: los más grandes desplazamientos poblacionales en Colombia han ocurrido provocados por masacres directamente efectuadas contra la población civil por la herramienta paramilitar y el ejército, con motosierras y listas de personas a ejecutar en la plaza pública.

Hay casos tan flagrantes y planificados como la masacre de Mapiripán: en la que los paramilitares fueron llevados en aviones Antonov y DC3 de un departamento a otro, y trasladados en camiones del ejército al sitio de la masacre [9]. Allí estuvieron amputando, violando, cortado cabezas durante 10 días, mientras el ejército impedía que entrara o saliera nadie del sitio de la masacre. Debido al cerco del ejército nadie pudo darle auxilio a la población. Unas 60 personas fueron asesinadas: sometidas a toda clase de torturas. Hasta hoy hay dificultad para identificar a las víctimas dada la barbarie con que la herramienta paramilitar procedió a descuartizar, lanzar al río, desaparecer a las víctimas. Según lo confesó el General Uzcátegui en una grabación: “¿sabe qué hizo la Brigada militar Móvil 2? Colocó un colchón de aire o de seguridad para que salieran los paramilitares. Esto es gravísimo y es un secreto. El ejército no sólo tiene vínculos con los paramilitares, no sólo no los combatió, sino que combatió a las FARC para que las FARC no golpearan a los paramilitares” [Ibíd.]. Mientras los paramilitares descuartizaban a civiles en Mapiripán, el ejército les garantizaba la labor combatiendo a las FARC que intentaron romper el cerco militar bajo el cuál los paramilitares torturaban a los campesinos; pero el cerco era una operación con planchones sobre el río, retenes, y aviación. El ejército garantizó que la masacre durara y comprendiera las torturas más aberrantes: no era “una bala perdida” era una operación de Terrorismo de Estado dentro de la estrategia de tierra arrasada en la zona de los Llanos Orientales, en la que estuvo envuelta la asesoría estadounidense. El Obispo del Guaviare testimonió: “Pasaron varios camiones con alrededor de 120 hombres de civil sin armas, después de pasar por el batallón salieron con uniformes y armados, continuaron su rumbo por tierra hacia un sitio denominado “Charras”; otro grupo de paramilitares también se desplazó hasta “Charras” pero lo hizo por el río Guaviare, pasando por el punto de control militar sobre el río, conocido como el Barranquón” [Ibíd.]

El campesinado también denuncia que los bombardeos [10] y las fumigaciones con glifosato y demás agentes químicos buscan provocar desplazamientos masivos: siendo factores hambreadores las fumigaciones que envenenan los ríos, destruyen los cultivos alimentarios, provocan mutaciones genéticas, aumento de cáncer, y esterilizan el suelo [11].

2. La herramienta paramilitar perpetúa un sistema de iniquidad mediante crímenes ejercidos de manera encubierta, lo que permite validar la pantomima democrática  

El paramilitarismo es una herramienta del gran capital articulada desde el mismo estado, cuya función es eliminar la oposición política, cometer masacres abominables con la finalidad de callar reivindicaciones y desplazar masivas cantidades de personas mediante la inyección de terror. El surgimiento, evolución y permanencia de la herramienta paramilitar es funcional al gran capital: permite la acumulación de tierras y capital en pocas manos. Su accionar se desarrolla en coordinación con la fuerza pública. Se encuentra planteada en los manuales militares como estrategia contra-insurgente, en el marco de la doctrina del “enemigo interno” [12].
El terror empleado por la herramienta paramilitar no es una cuestión fortuita, o un ‘daño colateral’ de una guerra contrainsurgente prolongada, sino algo plenamente planificado: como el exterminio no alcanza a asesinar a cada habitante de un campo codiciado, a cada humano que pretenda enarbolar una reivindicación, se busca entonces ‘docilizar’ a la población mediante ‘castigos ejemplarizantes’, paralizarla en sus reclamos mediante el miedo; por ello los niveles de barbarie son extremos, se trata de asesinar la voluntad. Esta estrategia de disuadir por el terror ha sido empleada de manera constante contra la población a lo largo de la historia colombiana: el corte corbata que consiste en sacarle la lengua a la persona mediante un hueco en la tráquea, ya se usaba por los escuadrones funcionales al latifundio llamados ‘Pájaros’ en épocas de la ‘Violencia’, y esta y otras técnicas del terror fueron aplicadas contra la población civil mucho antes incluso del asesinato de Gaitán, dado que el terror ejercido desde el poder fue usado por la colonia en proporciones dantescas para quebrar la fibra más íntima de la resistencia ante la ocupación: un quiebre que, como hoy, se opera en lo más profundo de cada ser, y lo anuda a la angustia. Se busca quebrar la dignidad de un pueblo y su capacidad de indignación y reivindicación: por ello las herramientas del gran capital practican violaciones de niños, de ancianos, descuartizamientos, decapitaciones seguidas de ‘partidos de fútbol’ con las cabezas [13], etc. El terror es usado para colonizar y destruir ese espacio primigenio de la resistencia en cada individuo, enfermando a la sociedad en su conjunto: busca la destrucción de la mentalidad solidaria, del sentimiento de empatía, de la rebeldía ante la injusticia. Los encarcelamientos masivos y el uso sistemático de la tortura en los centros penitenciarios también cumplen una función en la guerra contra la capacidad de empatía y reivindicación.

En la estrategia del terror que aplica la herramienta paramilitar en connivencia con la fuerza pública se plasma también la omnipresente injerencia estadounidense: las enseñanzas de formadores en torturas estadounidenses e israelíes, retoman la experiencia aplicada por el colonialismo francés en Argelia [14], o por el colonialismo Belga en el Congo, por citar solo dos ejemplos. Las estructuras militares y paramilitares son adiestradas en el más rancio anti-comunismo y bendecidas por eclesiásticos funcionales al terror. El control social paramilitar se ejerce en torno a valores fascistas en amplias regiones del país: para cortar de cuajo el surgimiento de la reivindicación social. La doble moral católica en la herramienta paramilitar alcanza su paroxismo: castiga con marcas corporales o amputaciones a las mujeres por ‘'sonreír demasiado' pero en cambio no tiene ningún escrúpulo en violar mujeres y niñas como forma de inyectar el terror, llegando a tener los jefes paramilitares hasta 50 niñas menores de 15 años violadas y dispuestas en esclavitud sexual, como lo testimoniaron las víctimas del Jefe paramilitar alias El Patrón [15]. Las ‘zonas de consolidación’ son zonas de amedrentamiento para beneficio del gran capital.

Mediante crímenes ejercidos por una herramienta encubierta, se perpetúa un sistema de iniquidad: poniendo en primer plano la pantomima democrática mientras se comete un genocidio. Abundan los testimonios de víctimas, de jefes paramilitares y los documentos sobre la compenetración entre paramilitarismo y fuerza públicapero la “democracia” colombiana con eje paramilitar sigue impune. 

Hay una perversa estrategia mediática ante la imposibilidad de ocultar la magnitud del genocidio, que consiste en conjugar la realidad paramilitar al pasado, mientras las masacres, barbarie y control social continúan en el presenteEn la actualidad la herramienta paramilitar sigue activa y en constante crecimiento como lo denuncian los hechos, las comunidades y las víctimas [16]. El informe de noviembre 2011 del Indepaz arroja que los paramilitares operan e instauran el control social en 347 municipios, de 31 departamentos: un territorio mayor al del año anterior. El Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado denuncia: “Las acciones del gobierno de Santos para encubrir el paramilitarismo (…) la persistencia de los Crímenes de Lesa Humanidad se encubre bajo la denominación de ‘Bandas Criminales’ (BACRIM), que es parte de la reingeniería paramilitar y la falsedad del espectáculo de las desmovilizaciones. Persistiendo el poder mafioso, político y empresarial en las estructuras paramilitares. Continúa la criminalización de la protesta social, la judicialización de campesinos, estudiantes y defensores de DDHH, con la prolongación de la práctica de la desaparición forzada, de la violencia sexual, del control militar de la vida y del pensamiento crítico” [17].

3. Desaparición Forzada: crimen de estado que anega a Colombia

La desaparición forzada busca eliminar la reivindicación social mediante la eliminación del desaparecido y mediante la inyección de terror que su desaparición deja impresa en su núcleo social; cumple además la funcionalidad “practica” para los estados represores de reducir las cifras de asesinatos. En Colombia varios jefes paramilitares han confesado cómo desde los altos mandos militares y políticos ha sido enviada la orden de que desaparecieran “de cualquier manera” a las víctimas para no dejar rastros y evitar que las cifras de homicidios crezcan. Varios miembros de la Estrategia paramilitar han confesado que implementaron la utilización de criaderos de caimanes y de hornos crematorios para quemar a las víctimas, a veces vivas:  “Lo echaron vivo ahí (…) El horno lo manejaba un señor al que le decían ‘funeraria’, creo que se llama Ricardo; dos señores le hacían mantenimiento a las parrillas y a las chimeneas, porque se tapaban con grasa humana”, confesó un paramilitar [18].

La cuantificación de la amplitud del drama se dificulta al desaparecer los cuerpos y al ser amenazados e incluso asesinados los denunciantes. No obstante, contamos con algunas cifras. El crimen de Estado de desaparición forzada de la "democracia" en Colombia ha rebasado las dramáticas cifras de las dictaduras de Argentina y Chile reunidas: sólo en 3 años el Terrorismo de Estado ha desaparecido a 38.255 personas, según un informe de Medicina legal [19]. Las estimaciones de desaparición forzada son obviamente minimizadas desde el Estado, sin embargo ha debido reconocer la existencia de al menos 51.000 desaparecidos: “Al mes de noviembre de 2010, las estadísticas oficiales del gobierno de Colombia registran más de 51.000 Desapariciones” señala la US office on Colombia [20]. En enero 2011 la Fiscalía publicó un informe [21]: tiene documentados 173.183 asesinatos y 34.467 desapariciones forzadas, entre otros crímenes cometidos entre junio de 2005 y el 31 de diciembre de 2010 por la herramienta paramilitar. Del informe de Medicina legal y del de la Fiscalía se deduce un promedio de 13.000 desaparecidos al año, perpetrados entre fuerza pública y herramienta paramilitar. Esto confirma las denuncias de Piedad Córdoba de 250.000 personas desaparecidas en 20 años [22]. El 23 de mayo 2011 el representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Christian Salazar, informó que la ONU estima que más de 57.200 personas han sido desaparecidas en Colombia [23].

En Colombia fue hallada la mayor fosa común del continente americano, con 2000 cadáveres de desaparecidos: la gigantesca fosa se encuentra detrás del batallón de la fuerza Omega del Plan Colombia, que goza de estrecha asesoría estadounidense [24]. Tras el dantesco hallazgo, se han producido otros hallazgos de fosas comunes en el 2010 y 2011 que dan testimonio de la amplitud de la embestida represiva: “Denuncian el hallazgo de al menos 1.505 cuerpos más en fosas comunes en Colombia, en el Meta, en la misma región que la mayor fosa común del continente (…) cuyos cadáveres son cuerpos de desaparecidos y asesinados por el ejército, como quedó evidenciado en las Audiencias públicas a testigos y familiares de desaparecidos” [25]. Bajo el gobierno de Santos el crimen de estado de la desaparición forzada continúa abatiéndose contra opositores políticos y activistas sociales.

Es en este contexto de clara articulación entre el enriquecimiento de unos pocos y la represión contra las mayorías empobrecidas e indignadas ante el saqueo, que se inscribe la realidad descomunal los presos políticos en Colombia. En la Parte III de este Dossier abordaremos el incremento del uso del aparato judicial como arma de guerra contra la población, incluyendo la persecución política allende las fronteras y el aumento de capturas masivas en las zonas de alto interés económico; el tema de los montajes judiciales bajo los cuales son encarcelados los presos políticos, y la gravedad de lo que aparece como “secuestro carcelario”.

NOTAS

* Este texto es a la vez un texto autónomo y la II Parte del dossier Colombia y sus miles de presos políticos silenciados que abarca el contexto de intereses económicos y la represión política correlativa, las condiciones de tortura, los montajes judiciales, la invisibilización del drama y lo que su existencia pone de manifiesto. El índice de capítulos del dossier completo puede consultarse tras las Notas.


Colombia: miles de presos políticos son el rostro de la empatía acribillada

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Colombia: miles de presos políticos son el rostro de la empatía acribillada
Parte I del Dossier: Colombia y sus miles de presos políticos silenciados *



La cantidad alarmante de presos políticos pone de manifiesto una situación gravísima de represión contra el pensamiento crítico, contra la reivindicación social y el derecho a la participación política, sólo comparable a la situación de vulneración a las libertades de una dictadura militar.


1.    Introducción a una realidad invisibilizada

Hay al menos 9.500** presos políticos en Colombia, otro triste ‘record’ de un estado cuyo nivel de represión y exterminio de la oposición rebasa incluso el de las dictaduras asumidas como tal, y que goza sin embargo de amplio beneplácito en la diplomacia internacional, porque muy fácilmente la llamada“comunidad internacional” cierra los ojos sobre genocidios, si éstos permiten el saqueo de los recursos del país anegado. La mayoría de los presos políticos en Colombia son civiles encarcelados bajo montajes judiciales: sindicalistas, periodistas, académicos, estudiantes, ambientalistas, campesinos encarcelados para callar su reivindicación social, desintegrar la organización política, y callar el pensamiento crítico. La práctica represiva de los encarcelamientos arbitrarios sigue recrudeciéndose. 
El 90% de los presos políticos son civiles, los presos políticos y de guerra de las organizaciones políticas militares FARC y ELN son aproximadamente el 10% del total de presos políticos. Presento en esta introducción dos testimonios de presos políticos por ser esclarecedores de una realidad silenciada:
El profesor Miguel Ángel Beltrán, años preso político: “La actitud de que a todo aquel que investiga la realidad social con un lente crítico se le tilda de guerrillero proviene de un Estado que persigue y criminaliza a quienes pensamos diferente. Mis escritos han sido tomados como prueba para acusarme del delito de rebelión, lo que constituye una clara persecución al pensamiento crítico. El propósito del régimen al mantenerme privado de la libertad, es enviar un claro mensaje a los académicos críticos y a la universidad pública en general: 'cuídense de estudiar el conflicto social y armado con una perspectiva diferente a la oficial, porque miren lo que les puede suceder’. Y esto cala en algunos sectores.” [1]
Marinelly Hernández, presa política y de guerra testimonia de las aberrantes torturas que el estado colombiano comete contra los familiares de los insurgentes, una realidad silenciada: “A nuestro padre el Ejército colombiano, en unión con los paramilitares lo colgó vivo de sus manos introduciendo ganchos en sus extremidades como si fuera carne de carnicería, luego le chuzaron el estómago y todo su cuerpo con una navaja, después arrollaron sus labios como se les taja a los pescados, por último, le dieron un tiro de gracia en su cabeza; según medicina legal a nuestro padre lo torturaron vivo. Mi papá tenía 70 años de edad, ¿Cómo es posible que hagan eso con un anciano, tildándolo de guerrillero? Acaso por yo ser revolucionaria ¿Tenían que cobrarlo con la vida de mi padre?” [2]
Marinelly, de una familia campesina, narra que durante su niñez vivió en carne propia las agresiones que el Ejército colombiano desató contra el campesinado por pertenecer al partido opositor Unión Patriótica (UP); fue testigo de múltiples asesinatos de campesinos, amigos, y familiares, cuyos cuerpos eran abandonados con señales de tortura o desmembramiento: “parte de la guerra sucia y psicológica que implementaron para asustar a los luchadores populares.” La prisionera explica que las violaciones del Estado colombiano la empujaron a la insurgencia, como su: “única forma de preservar la vida, luchar por ella y reclamar nuestros derechos”, y evitar “terminar masacrada, torturada o discapacitada por ser ejemplarizada como quedan muchos campesinos, o terminar siendo desplazada y viviendo de las limosnas en las ciudades”.[Ibíd. ]

Testimonio de la hija de Arcesio Lemus, prisionero político asesinado por el Estado colombiano.

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Los presos políticos son torturados y condenados a muerte de facto, por negación de asistencia médica


Por Rpasur-RECALCO

AQUÍ NO ESTAMOS TODOS, AQUÍ FALTAN NUESTROS PRESOS", testimonio de la hija de Arcesio Lemus, prisionero político asesinado durante su encarcelamiento por negación de asistencia médica por parte del establecimiento colombiano como forma de castigo y tortura habitual del maltrato institucional que esta población reclusa recibe. Las infrahumanas condiciones de encarcelamiento a las que son sometidos los prisioneros, hacen de las cárceles de Colombia verdaderos recintos de tortura y vejación, con resultado frecuente de fallecimiento, en particular aplicación de la pena de muerte por parte del Estado contra la disidencia prisionera. Se estiman entre 8000 y 9500 los presos y presas polític@s en Colombia, según se denunció en el foro 'Colombia entre Rejas': la tortura es denunciada como sistemática. En el Foro "Colombia entre Rejas" los familiares de las y los prisioneros políticos lo dijeron alto y claro: "No hay duda, no hay espera; hay que actuar presionando desde el principio"



"En los últimos quince años, hemos vivido con mi familia una historia de destierros y encierros. Mi padre, Arcesio Lemus, desde muy niño, tuvo que soportar las inclemencias de la violencia partidista en Colombia. Y, al contrario de volverle un ser rencoroso, lo llenó de amor por las causas populares. Así se hizo líder campesino, líder de trabajadores informales, líder comunitario, y un referente del trabajo revolucionario en el norte del Tolima. Ese tipo de cosas no las perdona el Estado. Así que en la década de los 90 mi padre tuvo que desterrarse de Líbano, Tolima, para salvaguardar su vida y la de nuestra familia.

Pero la cosa se puso peor. Mi madre fue víctima de un montaje judicial, que la tuvo dos años tras las rejas. Yo, tal vez, tuve la mejor parte, porque solamente fui conducida a una correccional de menores cuando tenía 15 años, pero tuve la suerte de que mi rendimiento académico se convirtió en el argumento para que me devolvieran a la libertad, bajo custodia de personas de noble corazón que tuvieron a bien brindarnos su apoyo en ese difícil momento.
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